Que sí, que sucumbí a verla. Confieso que llevaba mucho miedo porque soy de los Jonesadictos que crecieron con las aventuras del arqueólogo aventurero. Sabía que ya la habían fastidiado con la continuación de Star Wars y temiendo que como todas las pelis de aventuras de hoy día están hechas en su mayoría con un ordenador y programas de diseño gráfico, con Indiana habrían hecho lo mismo, me senté en la butaca e intenté imaginarme a mí mismo con la edad que tenía cuando vi las otras de la saga.
Pero no, el espíritu Indiana no ha sido mancillado, me sigue atrayendo y provocando misterio, la aventura es fantástica (como en las otras) pero evocadora. Grandes dosis de cuevas, lugares encantados e indígenas cabreados. Efectos especiales, sí, pero en su mayoría tradicionales, por lo que la cinta no parece de dibujos animados. Y por supuesto, Indy en su mejor estilo, porque con la edad, Spielberg lo dota de un sentido del humor, más ácido, con retranca.
Dos horas de diversión, misterio y acción, pero también guiños a los que nos hemos hecho adultos con el aventurero, por ejemplo lo habitual hubiera sido que la heroína fuera una chica 30 años más joven que Harrison Ford pero Spielberg rescata a Karen Allen, primera protagonista de la historia en "En busca del arca perdida", 27 años después y la cosa funciona. La química con Jones sigue intacta y la credibilidad es mayor.
Se ve que el rey Midas del cine ha trabajado como si no hubiera pasado un cuarto de siglo, respetando el espíritu inmortal de nuestro héroe. Así, que haga más.
miércoles
lunes
Inventando recuerdos
Escribir sobre la memoria es obligarte a reflexionar en como somos, lo realmente curiosa que puede llegar a resultar la especie humana. Supongo que a todos nos ha pasado creer que algo que nunca ha sucedido fue realidad en algún momento de nuestras vidas. A mí me pasa también con los sueños, tengo recuerdos que no sé si son verdaderos o sólo los soñé. ¿Qué nos ocurre?
En algunas ocasiones son simples casualidades que confundimos porque lo que recordamos ha sido olvidado aunque no del todo. Otras veces, y esta es la que más me intriga, es como si inventáramos algo que no ha pasado pero que forma parte de nuestro ser y resulta coherente. No hablo del caso en el que uno se cree sus propias mentiras. Me refiero a hechos que desde el principio asumimos que existieron.
Para entender este comportamiento habría que preguntarse por qué y para qué. Qué sentido puede tener no es otro que el de crearnos seguridad, coherencia, explicaciones a cosas que no sabríamos encajar. Muchos criminales manifiestan recordar situaciones que justifican sus asesinatos y que resultaron ser falsos pero les hacían tener que soportar un menor peso.
Otro caso paradigmático es el de las personas que han estado en situación cercana a la muerte y que recuerdan haber visto una luz al final de un túnel. Las investigaciones han demostrado que sustancias segregadas por el cerebro para paliar el dolor pueden provocar estas alucinaciones.
Íntimamente relacionado con esto está el tema de la distinción entre fantasía y realidad, tema clásico donde los haya (Calderón, Descartes...), pero no quiero daros más la lata.
Os dejo con "Sospechosos habituales" y "Memento" dos pelis que tratan de diferente forma este mismo tópico.
Gracias, Alfonso, por la sugerencia.
En algunas ocasiones son simples casualidades que confundimos porque lo que recordamos ha sido olvidado aunque no del todo. Otras veces, y esta es la que más me intriga, es como si inventáramos algo que no ha pasado pero que forma parte de nuestro ser y resulta coherente. No hablo del caso en el que uno se cree sus propias mentiras. Me refiero a hechos que desde el principio asumimos que existieron.
Para entender este comportamiento habría que preguntarse por qué y para qué. Qué sentido puede tener no es otro que el de crearnos seguridad, coherencia, explicaciones a cosas que no sabríamos encajar. Muchos criminales manifiestan recordar situaciones que justifican sus asesinatos y que resultaron ser falsos pero les hacían tener que soportar un menor peso.
Otro caso paradigmático es el de las personas que han estado en situación cercana a la muerte y que recuerdan haber visto una luz al final de un túnel. Las investigaciones han demostrado que sustancias segregadas por el cerebro para paliar el dolor pueden provocar estas alucinaciones.
Íntimamente relacionado con esto está el tema de la distinción entre fantasía y realidad, tema clásico donde los haya (Calderón, Descartes...), pero no quiero daros más la lata.
Os dejo con "Sospechosos habituales" y "Memento" dos pelis que tratan de diferente forma este mismo tópico.
Gracias, Alfonso, por la sugerencia.
sábado
Casas para no dormir: El espejo.
Aquí empieza una serie de relatos cortos. Todos tienen en común unas casas con vida propia. El tema de esta primera casa lo trae un espejo. Tema que me gustó y que, sin ella proponérselo, hizo que yo ideara esta mini-colección de relatos. Por ello, el primero está dedicado a Miss Julie.A Lola, todos los espejos le encantaban. Siempre se miraba en ellos. En los que se cruzaba por su camino para ir al trabajo. En los del coche. En los de los coches de los demás. En los baños públicos y en los privados. En todos. Siempre se miraba rápido. Le gustaban tanto que cuando viajaba a otras ciudades o a otros países se traía algunos para llevar en los bolsos.
Lola se encontró uno un día. Monísimo. Estaba al lado del contenedor de su casa. Nuevo. Con un marco dorado demasiado recargado. Pero, un espejo es un espejo. Se lo llevó a su casa. Lo colgó ella solita en la entrada de la misma. Qué bonito... Es el último espejo donde se miraba antes de salir de casa y el primero cuando llegaba a la misma.
Pero Lola cambió. No sabía qué le pasaba. Se notaba cansada, triste, sola, de mal humor...Creyó que tenía que pedir cita con su médico. Sería un virus. Pero tuvo que pedir la baja laboral. Se llevó así un par de semanas. Las mismas que llevaba el espejo en su casa.
Lola no se quería mirar. Pensó que tendría mala cara. Y era verdad. Tenía unas ojeras negrísimas. Y perdió peso de manera irremediable. No tenía ganas de nada. Sólo de dormir. ¡Ay, Lola, cómo cambiaste...!
Una noche Lola, con un hilo de ganas se acercó al espejo que se encontró. Lo que vio la paralizó. No era ella...Era una mujer envejecida la que la miraba. Con facciones que le recordaban vagamente a como era ella antes. Fue horrible.
Hoy se entierra Lola.
Pasados dos meses de ello su familia vendió el piso. Con los muebles y todo. Menuda ganga que han comprado la familia López. Lo que más le gusta a Lucía, la matriarca, es el espejo de la entrada...
Espejo, espejito mágico:¿Quién es la más guapa del reino? "En el de los Muertos, Lola..."
Foto del Flickr. Autor: Tinta China.
viernes
¿Tan mal hablamos inglés los españoles?

Aparte de que los españoles nos consideramos unos incultos por no saber desenvolvernos en la lengua británica, lo que es gracioso porque los angloparlantes no se ven así y hablan mucho peor cualquier otra lengua. En fin, que ya estoy un poco harto de que nos sintamos unos pueblerinos catetos porque no sepamos decir: Can I help you? y cosas así.
Pero es el caso que en los últimos meses he tenido la oportunidad de comparar el inglés de diferentes europeos y el otros tantos españoles en animada conversación. Resultado: goleada y paliza. Hablamos mucho mejor de lo que creemos y eso de que cualquier europeo tiene dos lenguas maternas incluyendo el inglés, me río yo. Veamos, en las reuniones que os cuento había un danés, un noruego, un irlandés (este no cuenta), dos turcos, un francés y españoles. Pues todos con titulación superior, todos viajados, los españoles a sí mismos pensaban que su nivel era mediocre tirando para abajo, los demás que su nivel era excelente. Lo que ocurrió es que la mayoría de conversaciones se tiraron los europeos callando cada dos por tres para pensar o buscar en el diccionario palabras. Los españoles bla y bla con el irlandés. No sé si era o no temeridad, pero el irlandés no puso nunca cara de decir: ¿y este qué dice?
Fuera complejos, que en esto también hemos avanzado, of course.
Foto: Monte Mendoza.
jueves
El encanto de llamar.

Desde que empecé en el mundo laboral ha llovido. Pero tuve el gusto de conocer lo que era una centralita de teléfonos. De las antiguas. Esas que tienes que meter clavijas por huecos para poder poner a una persona con otra para tener una conversación. L. era la persona encargada de dicho menester. Estaba en la entrada de nuestra clínica. Metida dentro de un cuartito pequeñito que ocupaba toda la centralita. Su conexión con los compañeros era un pequeño mostrador que nos dejaba ver todo el encanto de dicho aparato. Cada vez que llamaban del exterior, L. se ponía unos cascos. Ella hablaba con el interlocutor que solicitaba que le pusieran con una habitación determinada. L. conectaba la clavija al hueco correspondiente. Y avisaba al paciente que le iba a pasar una llamada. Y no sé dónde le daba para que ya hablaran los dos sin problemas. Y sin ser escuchados. No solíamos meternos en el cuarto de la centralita. Estaba diseñado para que sólo cupiera una persona. Pero a mí me gustaba, al entrar o salir de mi trabajo, hablar con L. para poder echar un vistazo a esa maravilla. Y L. estaba encantada con su trabajo. Era una señora de mediana edad que se enteraba de todo o de casi todo. Además tú lo veías. Cuando llamaba alguien le preguntaba inocentemente de parte de quién. El interlocutor decía su nombre, pero ella seguía preguntando que si era su hermano, vecino o qué...Y el otro se lo decía. Eran otros tiempos. Tiempos que a uno no le importaba perderlo en preguntas de ese tipo. Ahora todo son prisas y cuando queremos hacer alguna gestión a través del teléfono queremos celeridad. Tanto tú como el que te atiende. Nada es lo que era. La tecnología ha roto el encanto.
Foto del Flickr. Autor: Pentaconto.
miércoles
Irene Jacob
La descubrí en "Rojo" de Kristof Kieslowski. Desde el principio su presencia resalta en la pantalla. Irene muestra las facciones clásicas de la belleza francesa. Cara y rasgos suaves y dulces, ojos grandes y expresivos, labios finos y tez blanca, delicada.
Tiene un cierto aire andrógino, lánguido a lo Greta Garbo. Es de ese tipo de actrices que su sola contemplación transmite tranquilidad. Esta parisina, amante de la música y de las lenguas, ha traspasado la barrera de los cuarenta y aunque ha hecho sus pinitos en Hollywood, no ha tenido mucha trascendencia internacional más allá de Europa.
Las películas que sigue rodando se estrenan casi en exclusiva en Francia y es una lástima porque seguro que mantiene el encanto y el misterio de las producciones que le hicieron famosa.
Ella e Isabelle Huppert, son las dos actrices más interesantes que ha dado el cine francés en décadas.
El trailer de Rojo
martes
El tiempo

Este tema me apasiona, el tiempo cronológico. Es fascinante cómo un minuto a veces no es nada y otras es una eternidad. Puede que ese minuto sea un sólo accidente en la vida de uno que pasa sin pena ni gloria. Puede que parezca no querer abandonarnos jamás. La relatividad del tiempo es algo que ha sido estudiado por casi todas las disciplinas existentes, la Filosofía, la Física, las Matemáticas, la Lingüística etc.
Nuestro minuto no es igual que el minuto de un insecto con una vida mucho más corta o que un edificio que traspasará la vida de cualquiera de nosotros. Me gusta pensar en lo efímero del tiempo. No existe el pasado, ni el futuro, sólo el presente que va dejándonos permanentemente. Lo demás es lenguaje sobre presente que ocurrió o sobre vaticinios que hacemos que pueden o no cumplirse.
Pero el tiempo es también una dimensión física que empezó con el origen del Universo. A veces, cuando miro al cielo nocturno sé que estoy viajando hacia el pasado, viendo la luz emitida por una estrella hace millones de años.
Todos somos víctimas de él y tarde o temprano nuestro tiempo termina acabando, así que agarrémoslo como decía Virgilio: "Collige, virgo, rosas".
Foto Joopbie
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