Mostrando entradas con la etiqueta té o café. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta té o café. Mostrar todas las entradas

lunes

Vino blanco o tinto


Bueno, pues un dilema más. ¿Qué prefieres blanco o tinto? Yo, (Satie) me declaró firmemente por el blanco. No es que no me guste el tinto, sí que me gusta. En realidad paladeo con placer cualquier tipo de vino, lo que ocurre es que estoy en desacuerdo con los que dicen que un mal tinto es siempre mejor que un buen blanco. Puede que los tintos tengan más cuerpo y matices. El aroma más complejo y el color muy atractivo. Pero yo prefiero el blanco por su temperatura (refrescante), la nula aspereza en la lengua o su suavidad, por decirlo de otra forma. He probado blancos que dicen mucho más que cualquier tinto, con un grado de sutileza y elegancia sublimes. Eso de que un blanco no vale para las carnes es otro tópico sin fundamento. ¡Ah para mí los rosados están en la categoría de blancos! Así que un buen blanco o rosado con unas burbujas entra en el gaznate como una caricia.
Yo(Agata) me inclino más por un buen vino tinto. He de decir que cuando hay blanco también lo tomo, pero me gusta más mi tinto. Un vino con ese color a pasión, a vida. Me gusta olerlo antes de tomarlo. Cuando lo tengo en la boca me gusta, en milésimas de segundo, que recorra todo mi paladar y la punta de la lengua. Se va introduciendo ese sabor por todas mis papilas gustativas. Depende del vino a veces me sabe a nueces, otras a pasas... Luego lo dejo caer por mi garganta y noto cómo mi cuerpo entra en calor. Todo el sabor me llena por dentro. Me gusta tomarlo en copa grande. También me encanta ver cómo la copa en su interior se llena de lágrimas del color del vino. Comparado con el vino blanco, el rojo tiene más cuerpo. Es más vino, creo yo. Más intenso. A mí me gusta todo lo intenso. No me importa acompañarlo de cualquier comida. Eso de que el blanco para el pescado y el rojo para la carne no me va. Ya lo he dicho, si hay cualquier comida y se puede elegir entre los dos, prefiero el que tenga color pasión. Esta noche va a caer una buena copa de reserva de un rioja que nos han regalado. Siempre, siempre que tomo vino rojo tiene que ser con muy buena compañía. Y como siempre, hoy la tengo. Feliz noche...
Foto de Gomitta(Flick)

martes

Eternos dilemas


Inauguramos con este una serie de posts en los que Ágata y yo (Satie) expresaremos nuestros puntos de vista divergentes sobre algún asunto que nos interese.
Hemos elegido para empezar un debate sobre un tema que da para mucho. ¿Té o café? Trascendental ¿verdad?
Pues ya que estoy en el teclado voy a dar algunos argumentos a favor del té. En primer lugar no crea tanta adicción como el café. Su versatilidad es mayor y la varibilidad de tipos es tan abundante que apabulla.
En segundo lugar, las propiedades naturales le hacen una de las bebidas más antiguas y saludables, se han encontrado cientos de propiedades beneficiosas para nuestro cuerpo.
En tercer lugar, es más exclusivo, más chic. Todo el mundo dice, "vamos a tomarnos un cafelito" pero pocos "vamos a por un té".
En cuarto lugar, la ceremonia, sólo por esta celebración creada por los japoneses debería ensalzarse sus virtudes por encima de cualquier otra bebida. Y no sigo porque creo que el debate lo tengo más que ganado. Foto totisprz (flickr)
Bueno, Satie. Creo que ya has hablado demasiado y ahora me toca a mí.
Voy a hablar de uno de los placeres que nunca podré dejar: El café.
Tomar un café es disfrutar, saborear, conversar. Es verdad que muchos decimos "vamos a tomar un café" y pocos dicen lo del té. Pero a mí me gusta estar rodeada de buenos cafeteros. Hay muchísimas maneras de preparar el café: solo, con leche, cortado, piccolino, capuccino, americano, irlandés, carajillo, vienés, ruso, criollo, jamaicano, escocés, azteca, diablo ...El caso es tomarlo bueno, de la manera que te guste, con la compañía que quieras. La cafeína en dosis no muy altas debe ser buena, si no yo ya no estaría aquí...Y cuando tienes una cafetera apropiada que está en casa, tus amigos ya no te abandonan. ¿Quién quiere un café?