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jueves

La depresión


Cuando me he levantado esta mañana, otra vez ha empezado la batalla. ¿Cómo puedo no pensar en eso que me corroe, que me destroza por dentro?
Ya estoy cansado de tanto luchar, me duelen tanto estos pensamientos y sin embargo están ahí. Todo el mundo es feliz en sus vidas, sus caras reflejan lo bien que les va todo. Pero yo no soy igual, yo no paro de llorar porque no puedo dejar de sentirme mal. No consigo liberarme de esos sentimientos que me atormentan, que me impiden ser una buena pareja, un buen padre, un buen amigo. Sólo existo para librar mi guerra, porque creo que alguna vez podré dominar este monstruo que me hace pequeño, que se agiganta y se convierte en invencible.
No puedo moverme, mi cuerpo no me responde, sólo quiere dormir, desconectar, porque sabe que estando consciente sólo tiene una alternativa: luchar. Y la lucha siempre es perdida, desesperada, desigual.
Todas las gentes que siguen con sus vidas, logran controlar sus "dolores del alma". Pero ¿cómo puedo yo dejar de sentirme responsable del daño que hice? ¿Cómo puedo olvidar que hice sufrir tanto? ¡Qué fácil es no mover un pie si no quieres, pero qué difícil es dejar de pensar algo que te atormenta!

Casi un 15% de la población sufre Depresión. Es un mal silencioso, que no espanta, pero que acaba con las vidas de muchos.
La foto es de Esparta.

Obsesión compulsiva


Me levanto cansado, como si no hubiera dormido. Lo primero que hago es correr al cuarto de baño y lavarme las manos con un cepillo hasta que enrojecen. En la cama hay millones de ácaros y microbios que se han posado en mis manos. No quiero enfermar.
Cuando desayuno y me visto me rozo las manos con la ropa, los alimentos, ¿sabéis la cantidad de bacterias que se alojan en estos objetos? Debo volver a lavarme antes de que se reproduzcan e invadan mi organismo.
Uso un pañuelo para abrir la puerta y salir, tengo una funda especial en el volante y cambio el pomo de las marchas del coche cada mes, pero sólo llegar al trabajo y necesitar lavarme de nuevo es todo uno. Mis compañeros me miran, se acerca uno nuevo y me tiende su mano, yo rehúso responder diciéndole que me sudan las manos y es desagradable.
Hoy he comprado un nuevo teclado para el ordenador y van ya cientos. En mi maletín llevo un jabón especial bactericida que aún siendo muy abrasivo y quemándome las manos, me las deja limpias de gérmenes.
Hoy es un buen día, he conseguido no tocar a nadie, sólo objetos. Pero todo tiene un coste, vivo solo, ella se marchó cuando comprendió que nuestra relación era imposible y nuestro hijo pequeño empezaba a lavarse las manos más de siete veces en el día. La echo de menos, pero estoy feliz, estoy sano y acabo con mis miedos cada vez que me lavo. No voy a cambiar, no puedo, no lo soportaría.
Al menos un 2,5 % de la población mundial sufre obsesión-compulsión. Da igual el sexo o la condición social.
La foto es de Antonio Martínez