miércoles

Dejadnos vivir.



Mi pareja y yo hay días en que no entendemos este mundo. Parece raro, la verdad. No nos metemos con nadie. Intentamos vivir nuestra vida dentro de las normas que vivir en sociedad requiere. Pagamos los impuestos, igual que todos. O casi todos, que hay quien no declara a Hacienda. Pero eso sería otro tema. También somos civilizados. No vamos tirando la basura a la calle, no somos groseros, no pegamos a nadie. No insultamos. En nuestro hogar somos como queremos, me refiero al tema sexual. Como todos, claro. Hay días que nos apetece hacer el amor y otros no... Igual que ellos. Cuando me fui a vivir con mi pareja muchos de los que yo consideraba amigos me dejaron de hablar. Ahí entendí que no se puede llamar amigos a todos los que conoces. Amistad. Me encanta esa palabra. Pero no me importó. Ahora valoro a mis amigos. Pocos pero amigos de verdad. Cuando mi pareja ha estado enfermo ellos se volcaron conmigo para ayudarme. Finalmente todo fue un susto. Cuando decidimos adoptar un hijo nos apoyaron...
Pero raro es el día que no haya nadie que al vernos de la mano por la calle no nos mire despectivamente. Cuando nos besamos en público nos llaman de todo. Hay amigos de mi misma condición sexual que han sido apaleados y grabado por un móvil para ponerlo en Internet. No nos quieren casar en una iglesia. El y yo somos católicos. Hay veces en que desfallezco en mi fe. Pero mi pareja está ahí para quitarme mis miedos. Le quiero. Le amo. No entendemos a ésta sociedad que no nos deja trabajar en según qué sitios por ser como somos. Somos heterosexuales. En este mundo donde lo "normal" es estar con parejas del mismo sexo lo llevamos mal los heterosexuales. No somos asesinos en serie, no somos monstruos. Menos mal que todos ellos no son iguales. Hay muchos que creen que somos buenos. Que somos personas como ellos. Que sufrimos por las mismas cosas. Que amamos como ellos. Lo único que me diferencia de ellos es que yo amo a un hombre en vez de a una mujer como se "supone" que debo hacer. Soy chica y me gustan los chicos. No estoy enferma. Dejadme vivir tranquila. A mí y a todos los que son como yo...
CÓMO CAMBIARÍAN LAS COSAS SI NOS PONEMOS EN EL LUGAR DE LOS DEMÁS. ESTA HISTORIA TENÍA EL 50% DE PROBABILIDADES DE SER CIERTA...
Foto del Flickr. Autor: Titania y Oberon.

martes

Salvados por la iglesia

Después de reír todo lo que pude y más con "Salvados por la campaña", Jordi Évole el "Follonero" de Buenafuente se atreve a subir otro escalón. Ahora su objetivo es la iglesia y promete ironía y sarcasmo retratando lo más casposo del estamento eclesial.
Sólo he visto el primer programa y la verdad que me divertí mucho. El ingenio del equipo de guionistas del programa sigue rayando a gran altura. Ver como las miserias humanas se dan cita en el gran teatro que envuelve a muchas de las costumbres cristianas es una vuelta de tuerca que venía haciendo falta en nuestros tabúes patrios. Si bien es verdad que esperaba un poco más de atrevimiento, a lo mejor en las próximas semanas sea así.
Por lo demás, nadie se puede sentir ofendido con lo que se emitió y algunos se lo toman con más gracia que otros, lo que indica que también dentro de la iglesia existe el sentido del humor.
Lo mejor, la preparación del viaje al Vaticano con una pareja de recién casados que iban a recibir la bendición papal.
Necesitamos programas como "Salvados por..." porque espero una edición dedicada a la monarquía, a la justicia, a la educación, sanidad... entonces sí que nos íbamos a reír.

lunes

Cuidado,hay niños...


Siempre se ha dicho. Los únicos que dicen la verdad son los borrachos y los niños. Y nada más cierto. Lo he comprobado siendo niña y, ahora que no lo soy tanto, escuchando a una niña de unos diez añitos.
Cuando era pequeña recuerdo una vez una bronca que me echó mi madre. Y todo, por decir la verdad. Pero hay veces en que no las puedes decir. Y me explico. Mi madre hablaba mucho con la vecina de al lado. Puerta con puerta. Hablaban de sus cosas, de recetas, de la familia. Todo de pie y en la puerta. Sus charlas duraban pocos minutos. A mí me gustaba estar cerca. Porque M. que era mi vecina, contaba cosas muy chulas. Era la única vecina con carnet de conducir. Era muy moderna para como eran las madres de antes. Pero muy decente. Casada, con hijos. Sabía coser y hacía una ropa estupenda a sus hijas que eran mayores que yo. Ropa que a veces heredaba una servidora. Yo, encantada. Pero una de las veces que mi madre y M. están hablando no sé qué dijo M. que mi madre le decía que sí. Y voy yo, inocente de mí. Como si a mi madre la memoria se le hubiese derretido como un trozo de hielo pensé en rescatarla:"Mamá, si tú decías a eso que no....".Cuando vi la cara con la que me miró supe que había dicho algo que no debía decir. Y mi madre que dice:"No, hija yo dije que si.Además las niñas no se meten en las conversaciones de los mayores"....M. se fue. Que tenía la olla puesta. Y cuando cerró mi madre la puerta me llevé la bronca. Y yo llorando le dije:"Mamá, si tú siempre me pides que diga la verdad"..."Llevas razón hija. Pero a M. no le puedo decir que no me gustaba el traje que se había hecho para la boda de su hermana"...
En fin. Que me quedé un poco liada. No tenía claro cuándo debía decir la verdad. Yo tendría unos 6 ó 7 años.
El caso es que hoy, a la salida del colegio escucho una conversación entre dos niñas de unos 10 años. Siempre me pongo en el mismo lugar a esperar a mis hijos. Al lado del cole hay un edificio de pisos. De él sale siempre la madre de una de ellas con su perrito. Siempre van las dos niñas corriendo a acariciarlo. Más la que no es dueña del perro. Y hoy, antes de que las madres lleguen escucho:
-(Dueña del perro): "Hija, tranquila. Y no molestes más a los mayores"
-(La otra niña): "Sólo quiero acariciar a tu perrito. Además yo no molesto"
-(Dueña del perro): "Sí que molestas, que me lo ha dicho mi madre"
Y la otra chiquilla que se queda a cuadros. No sin antes acariciar al perrito. Que no tiene culpa de nada. Pero la cara de tristeza de ella al irse fue enorme...
Foto del Flickr. Autor: EstudioNinaRana.

sábado

Juan Cabandié


Acabo de ver una entrevista en el programa de viajes de Javier Sardá (Dutifrí) que me ha helado y conmovido a la vez. La historia es ya conocida, la de los niños secuestrados durante la dictadura argentina y "adoptados" por nuevos padres. Juan, que así se llama de verdad, aunque al principio sus falsos progenitores le pusieran otro nombre, relataba con extrema crudeza los pormenores de su vida en una familia que no era la suya, sus sospechas, su búsqueda de la verdad.
Juan consiguió conocerla, no todos han podido. Hoy tiene un hijo y aunque sus verdaderos padres ya no viven, puede abrazar a sus abuelos y tíos, saber quien es y dejar a un lado la zozobra de haber querido a dos monstruos. Como le dijo Javier, peor que no haber podido amar es haber amado a gente equivocada.
Paradojas de la vida, Juan además es diputado en el congreso, su padre, con mayúsculas, también era político, la naturaleza sigue su camino aunque tenga recovecos.
Este es su blog.

viernes

No quiero ser como tú.


A todas las personas maltratadas por su pareja. En este caso, ficticio, es una mujer. Pero hay muchos hombres...


No, no quiero ser como tú. Un miserable que se levanta por la mañana con ganas de joderme la vida. No quiero. Quiero levantarme con ganas de vivir.
No quiero ser como tú, ese monstruo que usa sus garras para dejármelas señaladas en zonas de mi cuerpo que nadie ve. Para eso eres muy listo...Para otras cosas un imbécil. Yo quiero dejar señalado el cuerpo de besos y abrazos a todo el mundo que me quiera. Que tengo cariño para dar a espuertas.
Tampoco quiero insultar. Quedarme paralizada del horror cuando de tu boca salen sapos y culebras envenenados. Sentirme anulada y que tú te sientas más importante que yo. Ser importante no es decirme que soy una mierda, no es decirme que no valgo para nada, no es decirme que sólo tú ganas el dinero y tienes derecho a decir que aquí se hace lo que te salga de los cojones. No es obligarme a mantener relaciones contigo cuando me das asco y miedo. Cuando mi alma sufre los dolores de la tortura. Quiero amar a quien me ama.
No quiero que mis hijos vean lo que me haces, escuchen lo que me dices, crean que esas cosas son normales. No quiero que sean futuros maltratadores o futuros maltratados. Quiero que se parezcan a mí. Quiero que cuando sean mayores sean mejores personas que tú. Que amen, que respeten, que mimen, que escuchen, que sonrían, que sean felices...
Ahí te quedas. Es por ellos y, sobretodo, por mí que te dejo esta carta. Te he denunciado, bastardo. Basta ya de tanta historia paralela. Una, la que ven los demás. Otra la que sufro yo. Nada ni nadie me garantiza que las palizas que me das no me van a matar. Ni sé si empezarás a golpear a mis hijos. Yo valgo mucho más que tú, degenerado. Y debo cuidar a mis hijos como tú nunca has hecho. Por ellos voy a salir adelante. Ahora me queda limpiarme las últimas lágrimas que estoy echando mientras escribo esto. Porque yo te amé. Quizás más de lo que debieras y merecieras. Fuera lágrimas. Tengo el coraje suficiente para buscar ayuda, trabajo, estabilidad, un nuevo hogar. Que no todo el mundo está equivocado, como tú me hacías ver. Que la familia y amigos están ahí, para lo bueno y lo malo. Aunque eso es lo mismo que nos dijo el cura. Yo te tuve a ti sólo para lo malo. Púdrete bien. Ya por dentro lo has conseguido. Hasta aquí me llega el olor putrefacto de tus miserias...
LLAMA AL 016. SI TE MALTRATAN O SI SABES DE QUIEN LO HACE O LO SUFRE.
Foto del Flickr. Autor: jungledrumsonline.

jueves

Aseo de mujeres.


Una de las cosas que a los chicos os inquieta más es que nosotras vayamos al cuarto de baño de dos en dos. Incluso de tres en tres...
Los cuartos de baño de ahora no son los de antes, en los años cincuenta. Eran tocadores gigantescos. Con un enorme espejo. Muchas sillas para poder sentarte y retocar tus labios color carmín. Una pequeña sala en el mismo para que las demás damas esperasen dentro y no en el pasillo....Mucho glamour era lo que había si ibas al tocador en esa época. Ahora todo ha cambiado. Cuando dices de ir al cuarto de baño nadie te dice:¡Qué glamour tienes, hija!
Señores, si nosotras vamos al cuarto de baño de dos en dos son por muchos motivos. Uno de ellos es guardar la cola. Siempre, siempre hay cola en el de chicas. En el vuestro nunca. Nuestro baño no tiene cerradura o está rota. A vosotros os da igual, no os tomáis la molestia ni de cerrar bien. Sólo la encajáis (la puerta,claro). Nunca tenemos papel higiénico. Por ello tenemos que llevar el bolso y así coger los Klinex y, ya que estamos, el pintalabios. Siempre está encharcado el suelo. Y te las ves y te las deseas para no sentarte en el inodoro, no mojarte los pantalones o la falda con el líquido elemento que pulula por doquier, que no se te caiga el bolso mientras te remangas y estás de cuclillas intentando que todo caiga en el inodoro. Cosa que has comprobado que la anterior chica no ha podido hacer. Muchas veces el chorro de agua del lavabo es miserable. No consigo mojarme bien las manos a la primera. Y me llevo un rato con el lavabo de "juguete". El secador de manos es de otra época. Muy grande, con mucho ruido y capaz de levantarte la dermis y la epidermis de la potencia. Eso, si funciona.
Por eso debemos ir acompañadas. Una sujeta la puerta y se queda con los bolsos fuera. Mientras la otra intenta estar tranquila dentro. Y una mierda. No te fías ni de la que sujeta la puerta. Una vez fui con una ¿amiga? que la iba a sujetar y la muy loca se pone a encenderse un cigarrillo quedando la puerta casi abierta. Yo, como estaba en lo mío no me dí cuenta... de que me miraban las chicas con una risa. La madre que trajo a ...
Pero, sí...confieso... a lo que vamos es a hablar de los chicos que han venido con nosotras al bar o del modelito de la que ha preferido quedarse sentada con ellos en la mesa en vez de venir con nosotras al cuarto de baño. Yo, por eso me apunto siempre a acompañar. Así no salgo trasquilada...
Foto del Flickr.Autor: >>Placer visual .../...

miércoles

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (tranquilos, sin spoilers)

Que sí, que sucumbí a verla. Confieso que llevaba mucho miedo porque soy de los Jonesadictos que crecieron con las aventuras del arqueólogo aventurero. Sabía que ya la habían fastidiado con la continuación de Star Wars y temiendo que como todas las pelis de aventuras de hoy día están hechas en su mayoría con un ordenador y programas de diseño gráfico, con Indiana habrían hecho lo mismo, me senté en la butaca e intenté imaginarme a mí mismo con la edad que tenía cuando vi las otras de la saga.
Pero no, el espíritu Indiana no ha sido mancillado, me sigue atrayendo y provocando misterio, la aventura es fantástica (como en las otras) pero evocadora. Grandes dosis de cuevas, lugares encantados e indígenas cabreados. Efectos especiales, sí, pero en su mayoría tradicionales, por lo que la cinta no parece de dibujos animados. Y por supuesto, Indy en su mejor estilo, porque con la edad, Spielberg lo dota de un sentido del humor, más ácido, con retranca.
Dos horas de diversión, misterio y acción, pero también guiños a los que nos hemos hecho adultos con el aventurero, por ejemplo lo habitual hubiera sido que la heroína fuera una chica 30 años más joven que Harrison Ford pero Spielberg rescata a Karen Allen, primera protagonista de la historia en "En busca del arca perdida", 27 años después y la cosa funciona. La química con Jones sigue intacta y la credibilidad es mayor.
Se ve que el rey Midas del cine ha trabajado como si no hubiera pasado un cuarto de siglo, respetando el espíritu inmortal de nuestro héroe. Así, que haga más.