lunes

11,99 Euros (99 francos)



Es el título del libro con el que Frederic Beigbeder estrenó su carrera como escritor, abandonando su otra profesión de publicista. He tardado sólo dos días en leerlo, aunque no es muy voluminoso (262 páginas).
Veamos, se trata de una visión cáustica y pesimista de la vida, con un estilo seco y duro, abrupto y obsceno a veces. Recuerda mucho al Paul Auster de Leviatán. En apariencia de novela, ofrece su visión de la vida poniendo como excusa contar los intríngulis del mundo publicitario. El comienzo es pues atrayente, pero tanto desencanto, tanto submundo, tanto querer parecer un outsider, cansa. Y hay momentos en el que el libro resulta estomagante, aburrido e inconexo. Otras veces, su prosa es hipnótica y ocurrente. No me extraña que el señor Beigbeder fuera despedido fulminantemente de su agencia publicitaria, porque destripa las bajezas de las grandes compañías.
Su desencanto con la sociedad lo resume esta frase: “la diferencia entre un pobre y un rico es que mientras el pobre vende drogas para comprarse unas Nike, el rico vende Nike para comprar droga”.
Ya sabemos en qué personaje se ha basado Risto Mejide para construirse el suyo.

viernes

Que viene la ola....


Hace unos días fuí a la playa. Iba con mi pareja e hijos. También iba otra pareja amiga con niños. Sólo que mi amiga tiene una hija más pequeña, de cinco años. Como el agua tenía unas olas un poco fuertes para la niña, nos metimos las tres: la niña (con sus manguitos), mi amiga y yo.
Cada una agarraba de la mano a la cría. Mi amiga me dice que nos metamos más. Hasta que el rompeolas no nos dé mucho. Que detrás de eso se puede estar muy bien. No sé qué pasaba que las olas venían una y otra vez sin descanso. A medida que nos metíamos más profundo (sin dejar de hacer pie) las olas eran mayores... La cría nos decía que cuando viniera la ola que le diéramos la vuelta a ella. Así no le daba en la cara. Imaginaros, intentar sujetar a la niña para que no se escapara. Hacerla saltar para que no le diera mucho la ola. Y todo esto sin que te ahogaras.
El caso es que de pronto, vemos una ola que nos viene encima. Le dije a mi amiga que tuviera cuidado, que esta era enorme...No nos dio tiempo. A mí me derribó, sintiendo un pánico horrible porque la manita de la cría se me escapó. Durante unos tres segundos (los más largos de mi vida) estuve bajo agua dando vueltas. Pensando dónde estaría la niña. Cuando logré sacar la cabeza y levantarme vi a mi amiga con su hija de la mano. Sus ojos estaban abiertos enormemente. Me decía, mientras corría a la orilla, que se acabó el baño. Que esto estaba muy peligroso...De pronto, se me queda mirando. Yo estaba con una risa nerviosa. Y a ella le entró un ataque de risa. No podía hablar. Y no dejaba de mirarme las tetas: SE ME ESTABAN VIENDO...La puñetera ola me había bajado el bañador un poco. Lo suficiente para que las "domingas","lolas","tetas","peras"...salieran a la luz. Me dí cuenta y me tapé. Ahora me entró a mí el ataque de risa, no me podía levantar de la orilla...Menos mal que no llevaba bikini...Porque seguro que se me hubiera perdido alguna parte del mismo.
Foto del Flickr. Autor: Jon Reporperro.

miércoles

¿Cuál es la mejor edad?



Pues eso, que hoy quiero disertar sobre la edad a la que creéis que un hombre se encuentra mejor. Pregunto por el hombre y no por la mujer porque creo que no tienen por qué ser la misma en ambos sexos. Más adelante, en otra entrada hablaremos de la de las féminas.
Voy a daros mi opinión basada únicamente en lo que he visto de la gente que me rodea. Desde mi punto de vista, los tíos cuando mejor están es en la década de los cincuenta. Primero, porque ya se han perdido todos los complejos, físicos e intelectuales. Se soportan los primeros achaques corporales que en los cuarenta empiezan a aparecer (que si un dolor en la espalda, esos pelos que caen de la cabeza y nacen en la espalda...)
Se conoce la naturaleza humana lo suficiente como para relativizar los problemas no dejando que ellos guíen tu vida. Los años que a uno le queden por vivir a partir de entonces, ya están fuera de garantía y por ello son extras que hay que disfrutar.
Un hombre de cincuenta tiene experiencia y puede resultar atractivo. Por último una cualidad que sin duda supera a las demás, ha aprendido a reírse de sí mismo y eso, queramos o no, hace la existencia más llevadera.

Foto, Daquellamanera (Flickr)

lunes

Devolución.


Ummm...Qué placer volver y escribir un post recién calentito. Y no lo digo por el calor del diablo que tenemos hoy (cuando subo a mi coche marca 45.5 grados). Lo digo porque lo hago en vivo y directo. Ultimamente he estado fuera durante varios días y he guardado posts en la recámara. Se han programado y se han publicado los días que queríamos.
Ya de vuelta a casa, hay varias cosas que hacer en la misma. Cosas como pequeñas reparaciones. Y para hacerlas necesitas comprar varias cosas. Una de las cosas que hemos cambiado: las alcachofas de la ducha.
No salgo de mi asombro. Durante dos días, hemos tenido que ir a tres establecimientos diferentes. Y en los tres casos, he tenido que ir de vuelta, a cambiar lo que había comprado.
El primer caso, voy a la farmacia. Para comprar antibióticos. Le dice mi pareja a la farmacéutica (que no el auxiliar de farmacia) que el antibiótico que queremos es la caja de 20 unidades. Y de 500 mg. Antes de pagar, mi pareja se da cuenta que nos da dos cajas( necesitamos dos) pero una de ellas tiene 20 pastillas y la otra 10. La farmacéutica cambia una de ellas...Cuando llego a casa me doy cuenta que la que ha cambiado era la que estaba bien. Quiere decir que me llevé dos cajas de 10. Y encima de 750 mg...
Ese mismo día voy a un centro comercial a comprar una alcachofa para la ducha. Cuando la veo, la caja que lleva está grapada por alguien y con papel celo. Le pregunto a la responsable de bazar y me dice que el contenido está bien. Que alguien habrá abierto la caja y algún trabajador de allí la ha cerrado como ha podido. Cuando la probamos en casa, la alcachofa no sirve más que como adorno. No va ni a la de tres...Tuve que ir a devolverla.
Al día siguiente fui a otro centro. Especializado en todo para la casa. Compro, en vez de una alcachofa, una columna de ducha muy chula. Cuando me la coloca mi pareja...falta una pieza. No me lo puedo creer. Como nos pasó el sábado por la noche, tenemos que esperar al lunes para ir a la tienda. No lo entendemos. La columna de ducha venía perfectamente embalada. Y precintada la caja...
¿Alguien da más?....
Por si acaso, no tiréis los tickets de compra.
Foto del Flickr. Autor: drazz.

jueves

Alcantarilla traicionera.


Me bajo del coche en el garaje de mi casa. Con mis niños. El garaje es al aire libre. Hay varios vecinos con sus coches. O bien van a subir a sus coches o bajan de los mismos. Cuando bajamos del coche hay un olor en el ambiente a mierda, peo, tubería, yoquesé....El caso es que mi niña empieza a decir en voz alta(aquí en el sur decimos a la gente que habla así que está "hueca".Porque suena mucho,como si retumbara):"Mamá, uy, qué mal huele..."
Mi hijo y yo nos empezamos a reír porque es verdad, huele mal. Y además el comentario de la niña nos ha hecho gracia. Como veo que hay varias personas alrededor le digo a mi niña que se calle. Y, la petardilla va y pregunta:"¿Has sido tú, mamá?"
Más risa me entraba, pero de la nerviosa. Os juro que no se me "escapó" nada. Que era un olor como a tuberías. Luego supe que cerca estaban limpiando una alcantarilla. Pero me quise comer a la niña. Todavía me pregunto qué vecino no me llamará "la peorra" desde ese día...Cagoentóloquesemenea..........
Foto del Flickr. Autor: joe-aesmorga.

lunes

65 horas


Yo quiero trabajar sesenta y cinco horas, porque no quiero tener vida propia. No quiero tener aficiones, ni pasar tiempo con mis hijos. No quiero practicar deportes ni componer música, no quiero leer, ni escribir en este blog, no quiero montar en mi vespita y dar vueltas porque sí. No quiero pasear por la avenida y adivinar los nombres de los árboles, tampoco quiero criticar la política urbanística de mi ayuntamiento cuando me tomo una cerveza con mis amigos. No quiero cocinar un nuevo plato que he visto y que mi pareja desearía paladear. No quiero hacer el amor ni quiero chapotear en la orilla de la playa. No quiero visitar al chaval que está hospitalizado y no puede ir a clase. No quiero ver ese clásico del cine que ya he visto ocho o nueve veces y que me emociona como la primera.
No quiero ver la sonrisa de un anciano en el parque, ni comprar en la pescadería los sábados dándomelas de que sé cuando un pescado es bueno y fresco.
Nada de eso quiero hacer, sólo trabajar y dormir.
La foto es de Mangosta 77 (Flickr)

viernes

Varita mágica


Así es la vida. Uno está tocado por una varita mágica y puede continuar el camino. Otros están tocados por otra varita diferente. Mágica pero siniestra.
No sé si será que ya me siento una mujer vivida. He madurado a golpe de equivocaciones. Veo la vida de diferente manera a algunos años. Incluso meses. Cada día es diferente en mi rutina diaria. Pero es así, diferente, porque las circunstancias exteriores a mi vida lo hacen posible.
Hace unos días, una noticia me dejó muy triste. Era un día de felicitaciones para mí. No viene al caso el motivo, pero todas las llamadas eran alegres. Pero entre todas ellas, una fue de lo más inesperada y triste. Una antigua compañera me llamaba y me daba la noticia:un compañero se enterraba esa misma tarde. Joven como yo. Marido de una compañera con la que empecé a trabajar en mis comienzos. Un chico altísimo, buena gente, buen marido y padre, buen compañero. Activo como el que más. Hace un par de años me enteré que tenía una enfermedad de la que no ha podido escapar.
Como es normal, lloré. Y comencé a pensar en los turnos en los que él y yo trabajábamos. En lo que corríamos en los pasillos, en lo que hemos aguantado. En las risas que nos echábamos todos en las cenas de empresa por Navidad. En lo que nos dolían los pies de tanto trabajar. Entonces pensaba yo que habían dos varitas en ese momento pululando sobre nuestras cabezas. La de él y la mía. Una varita era mágica, la que me tocó a mí, la que hace que hoy sea yo la que esté triste pero viva.Otra varita era siniestra y terrible, la que le tocó a él. Y la que le toca a muchas personas. Esa varita no entiende de edades, de sexos, de religiones, de dinero...Te toca y ya está. A mí me tocará, pero espero que sea dentro de mucho.
Así, que por muy triste que estuviera, cogí aire. Entré en el salón de mi casa y besé a mis hijos y mi pareja. Y me sentí dichosa de estar viva. Disfruté del resto de la tarde y de la noche. Celebré el ser feliz. Al entierro ya no me daba tiempo ir. Justo cuando me informaban de la noticia era la hora del mismo. Pero mis recuerdos fueron un pequeño homenaje para él en ese preciso instante.
Foto del flickr. Autor: diminuta.