jueves

Periodismo de catástrofes


Yo comprendo que en una noticia como la del desgraciado accidente de ayer, contar lo que pasa cuando se sabe poco en los primeros instantes es complicado. Pero hacer lo que hicieron algunas cadenas de televisión es empeorar las cosas. Yo, como consumidor de información prefiero que no digan nada si no tienen los datos, a que rellenen tiempo con tonterías como las siguientes:
-En una cadena nacional, se entrevista a un piloto de avión experto y la periodista le dice: cincuenta muertos y cincuenta desaparecidos, ¿qué podemos esperar con respecto a los desaparecidos? Por supuesto el piloto se queda en silencio y no sabe qué contestar.
-En otra cadena, el periodista habla con una señora que llevaba en el avión a tres familiares y que aún no sabe qué ha sido de ellos. La señora demuestra bastante entereza y el locutor le espeta, perdone el atrevimiento pero la veo a usted muy entera para lo que le ha sucedido. La mujer podría haberse derrumbado, o mandado al inepto más allá del infierno pero la señora con mucha paciencia le indica que debe estar tranquila porque si no el resto de su familia se hundiría.
Y ya por último, es el caso de los tertulianos de café que se erigen en supuestos expertos en lo que sea y empiezan a hacerse los listillos cuando intervienen verdaderos profesionales. Me repateó bastante la pregunta a un ingeniero aeronaútico sobre qué pasa cuando el avión pasa al "punto de no retorno" (sic) y el ingeniero en ningún momento usa ese término que el tertuliano pretendía como si fuera terminología técnica.
En fin, apagué la televisión y seguí el asunto por internet.
Foto de Paranoideo

miércoles

¿Se jodió el negocio de la música?

Una entrada de Cat,s me ha hecho recordar que hace una temporada que no hago más que leer u oír comentarios de grupos de música quejándose de que el negocio se está acabando. Bueno si fuera sólo eso, pues vale estás o no de acuerdo y ya está. Pero es que automáticamente suelen culparnos a los internautas por descargarnos canciones de esta situación. O sea, nos piden que sigamos accediendo a las canciones como si la tecnología no hubiera cambiado. Nada de plantearse cambiar el modelo, que cambien los consumidores. Pues así las cosas no van a terminar bien para algunos. Está claro que en estos tiempos no estamos dispuestos a gastarnos en un cd el precio que las compañías estipulan. Sin embargo acudimos a los conciertos más que nunca gastándonos el triple que lo que vale un compacto.
Así que el negocio en teoría debería seguir siendo rentable. Eso sí, la época en que uno se hacía de oro casi sin dar palo al agua se acabó. Cada vez que escucho a un grupo de imberbes quejarse de la situación me acuerdo de los músicos que han gastado años de su vida estudiando música y entregan sus vida a viajar por todos los teatros del mundo. Ellos no se quejan de que no se vendan discos, saben que su negocio es la interpretación en directo. Otros, que sólo se oyen bien usando todos los trucos informáticos existentes tienen miedo de que en directo sus carencias queden desveladas y seguirán llorando. Pobrecitos.
Os dejo con dos a los que no les importa más que ofrecernos su arte.

lunes

La puñetera manía de querer llamar la atención



No es casual que una de las razones más poderosas que tenemos los humanos para hacer las cosas es llamar la atención de los demás. Se dice de los bebés, que son como esponjas, que necesitan de nuestra constante supervisión, que no tienen otra cosa que hacer que controlar nuestro comportamiento. Y eso, evolutivamente, tiene sentido. Así pueden aprender rápidamente y ser más eficaces en su propio medio.
Lo que no logro entender es el porqué de esta costumbre por el resto de nuestra vida. Hay gente que por llamar la atención es capaz de hacer las cosas más inverosímiles: fingir enfermedades, subir montañas, hacer el ridículo e incluso, poner en riesgo su vida. Debe tener algún sentido, aunque se me escapa y no consigo ver este mismo comportamiento en otros mamíferos. Como dice el anuncio, el ser humano es algo maravilloso, aunque yo añadiría maravillosamente desconcertante.
Foto de Etolane (Flickr)

jueves

Camarero,la cuenta.


Revisen las cuentas. Para eso se piden. Para que no te lleves sorpresas.
Reconozco que antes no lo hacía. Miraba la cifra final y pagaba. O me decía el frutero lo que debía pagar y le pagaba. No revisaba ni el cambio. Y, creedme, merece la pena perder un minuto o varios segundos en ello.
En feria o en verano, el peligro es mayor. No digo que todos lo hagan, eso no es cierto. Pero cuando vas de "parranda" o junto a mucha gente, a nadie se le ocurre mirar la cuenta. Parece muy grosero hacerlo.
Hace unos días estábamos en una playa. No es la que voy siempre. Pero ya que estábamos, cogimos el coche y nos fuimos más lejos. Vamos con niños. Así que llegamos prontito a la playa y al ver un restaurante-chiringuito decidimos reservar sitio para la hora de comer. Hay dos turnos para comer. Uno a las 14 horas y otro a las 15:30. Como vamos con críos, pedimos el primer turno. Todo se sirvió rápido, pero sin agobios. Eso lo entiendo. Pues detrás tuyo va el otro turno. Antes de pedir la cuenta, pedimos un café. Nos dicen que no hay. Y nosotros viendo la máquina de café. Al camarero no le queda más remedio que decir que al primer turno no se sirve café. Que al segundo sí. Eso no me gustó nada. Yo sin café puedo convertirme en una zombie. Nada, hijo. Trae la cuenta. Uno de mis acompañantes mira el número que da la cuenta y calcula entre dos (íbamos dos familias). Se disponen a sacar el dinero mientras yo reviso la cuenta. Y me doy cuenta que nos han cobrado dos raciones de gambas invisibles que valen 15 euros cada una. Se lo decimos al camarero y ni se disculpa ni nada. En diez segundos viene con otra cuenta, con la verdadera que nos vale 30 euros menos...
Así que salí de allí sin café y completamente alucinada de que estas cosas ocurran. Presuntamente pasaría sin querer...jejeje.
Foto del Flickr. Autor: cinefilo.

lunes

11,99 Euros (99 francos)



Es el título del libro con el que Frederic Beigbeder estrenó su carrera como escritor, abandonando su otra profesión de publicista. He tardado sólo dos días en leerlo, aunque no es muy voluminoso (262 páginas).
Veamos, se trata de una visión cáustica y pesimista de la vida, con un estilo seco y duro, abrupto y obsceno a veces. Recuerda mucho al Paul Auster de Leviatán. En apariencia de novela, ofrece su visión de la vida poniendo como excusa contar los intríngulis del mundo publicitario. El comienzo es pues atrayente, pero tanto desencanto, tanto submundo, tanto querer parecer un outsider, cansa. Y hay momentos en el que el libro resulta estomagante, aburrido e inconexo. Otras veces, su prosa es hipnótica y ocurrente. No me extraña que el señor Beigbeder fuera despedido fulminantemente de su agencia publicitaria, porque destripa las bajezas de las grandes compañías.
Su desencanto con la sociedad lo resume esta frase: “la diferencia entre un pobre y un rico es que mientras el pobre vende drogas para comprarse unas Nike, el rico vende Nike para comprar droga”.
Ya sabemos en qué personaje se ha basado Risto Mejide para construirse el suyo.

viernes

Que viene la ola....


Hace unos días fuí a la playa. Iba con mi pareja e hijos. También iba otra pareja amiga con niños. Sólo que mi amiga tiene una hija más pequeña, de cinco años. Como el agua tenía unas olas un poco fuertes para la niña, nos metimos las tres: la niña (con sus manguitos), mi amiga y yo.
Cada una agarraba de la mano a la cría. Mi amiga me dice que nos metamos más. Hasta que el rompeolas no nos dé mucho. Que detrás de eso se puede estar muy bien. No sé qué pasaba que las olas venían una y otra vez sin descanso. A medida que nos metíamos más profundo (sin dejar de hacer pie) las olas eran mayores... La cría nos decía que cuando viniera la ola que le diéramos la vuelta a ella. Así no le daba en la cara. Imaginaros, intentar sujetar a la niña para que no se escapara. Hacerla saltar para que no le diera mucho la ola. Y todo esto sin que te ahogaras.
El caso es que de pronto, vemos una ola que nos viene encima. Le dije a mi amiga que tuviera cuidado, que esta era enorme...No nos dio tiempo. A mí me derribó, sintiendo un pánico horrible porque la manita de la cría se me escapó. Durante unos tres segundos (los más largos de mi vida) estuve bajo agua dando vueltas. Pensando dónde estaría la niña. Cuando logré sacar la cabeza y levantarme vi a mi amiga con su hija de la mano. Sus ojos estaban abiertos enormemente. Me decía, mientras corría a la orilla, que se acabó el baño. Que esto estaba muy peligroso...De pronto, se me queda mirando. Yo estaba con una risa nerviosa. Y a ella le entró un ataque de risa. No podía hablar. Y no dejaba de mirarme las tetas: SE ME ESTABAN VIENDO...La puñetera ola me había bajado el bañador un poco. Lo suficiente para que las "domingas","lolas","tetas","peras"...salieran a la luz. Me dí cuenta y me tapé. Ahora me entró a mí el ataque de risa, no me podía levantar de la orilla...Menos mal que no llevaba bikini...Porque seguro que se me hubiera perdido alguna parte del mismo.
Foto del Flickr. Autor: Jon Reporperro.

miércoles

¿Cuál es la mejor edad?



Pues eso, que hoy quiero disertar sobre la edad a la que creéis que un hombre se encuentra mejor. Pregunto por el hombre y no por la mujer porque creo que no tienen por qué ser la misma en ambos sexos. Más adelante, en otra entrada hablaremos de la de las féminas.
Voy a daros mi opinión basada únicamente en lo que he visto de la gente que me rodea. Desde mi punto de vista, los tíos cuando mejor están es en la década de los cincuenta. Primero, porque ya se han perdido todos los complejos, físicos e intelectuales. Se soportan los primeros achaques corporales que en los cuarenta empiezan a aparecer (que si un dolor en la espalda, esos pelos que caen de la cabeza y nacen en la espalda...)
Se conoce la naturaleza humana lo suficiente como para relativizar los problemas no dejando que ellos guíen tu vida. Los años que a uno le queden por vivir a partir de entonces, ya están fuera de garantía y por ello son extras que hay que disfrutar.
Un hombre de cincuenta tiene experiencia y puede resultar atractivo. Por último una cualidad que sin duda supera a las demás, ha aprendido a reírse de sí mismo y eso, queramos o no, hace la existencia más llevadera.

Foto, Daquellamanera (Flickr)