No nos conocimos personalmente, pero formaste parte de mi vida durante muchos años. Mis años de adolescencia empezaron con los acordes de "Una décima de segundo". La vida da muchas vueltas, y aquello que antes me parecía de calidad, hoy no añoro. Pero tus canciones, tus pensamientos y tus anhelos aún siguen vivos en mi corazón. Aunque algunas cadenas de radio se empeñen en mancillar tu legado machacando el "chica de ayer" como si fuera un himno.
No te comprendimos, o sí. Eras ese chico triste y solitario, tu primo aparentaba lo contrario. Juntos habéis creado una memoria musical que perdurará mucho tiempo.
Querido Antonio, cuando he sabido de tu muerte me he sentido, de repente, en deuda contigo. "Mi lucha de gigantes" ya se pasó, pero como decía otra de vuestras canciones, "siempre hay un nuevo plan".
martes
lunes
Coche rojo.

Hace tiempo,en el otro trabajo, quedé en la salida del mismo con una antigua compañera. Hacía tiempo que no la veía y tenía unas ganas inmensas de verla. Me llevé toda la mañana, en el puesto de trabajo, pensando en la de cosas que le diría. Todos los chismes. Todas las últimas noticias del trabajo. Le preguntaría por sus hijos. Ella haría lo mismo con los míos. Ya que los vio nacer...
La mañana se me hacía interminable. Jo. Siete horas esperando. Nada. Que por fin se acercan las tres de la tarde. Una gozada. Nos iríamos a comer solas. Todo por delante. Nada de cocinar ni de recoger la mesa ni la cocina. Ella me dijo que estaría esperándome fuera. En el coche. No le apetecía entrar allí a buscarme. Ya que había trabajado allí y no tenía ganas de saludar a ciertas personas...
Nada, P. Yo me salgo de allí y ya nos vemos. Ella me recogería en su coche. Quilla...que no sé de qué color es tu coche. Rojo. Vale.
Las tres y cinco de la tarde. Salgo de allí pitando. Bajo las escaleras como una loca y me meto en el coche rojo. Le zampo dos besos y le digo que dónde vamos a ir a comer...
Me veo a un tío con cara de "pasmao" y con los ojos que se le van a salir de las órbitas. Me había equivocado. Entré en el primer coche rojo que había sin darme cuenta de que no era el de ella. Era el del marido de otra chica que salía de trabajar y que me miró con ojos de loca cuando yo salí del coche de su esposo no sin antes ver con horror cómo yo le daba los dos besos equivocados...
Cuando por fin divisé el coche de mi amiga entré y sin besos ni nada le dije: SAL CORRIENDO DE AQUÍ...QUE ME PEGAN.
Foto del Flickr.Autor: Vagamundos.
sábado
Monumento a Álvaro Domecq (Jerez)

¿Dónde si no se le ocurriría a alguien hacer una escultura ecuestre que no sea en mi "pueblo"? Destila "lo mejor" de su idiosincrasia, a caballo y con el sombrero cordobés. ¡Fuera tópicos!
Y yo lo tengo que rodear varias veces al día, ¡porca miseria!
jueves
Angel de la guarda.

Sí. Siempre lo he pensado. Que tengo un ángel de la guarda que me acompaña. Cuando era pequeña no sabía quién era. Ahora creo que es mi padre.
Cuando era muy pequeña, quizás con cuatro o cinco años como mucho, vivía en casa de mis abuelos. Mis padres estaban en Alemania. Ellos vivían cerca de un barranco. Y me fui a dar una vuelta con amigos. Con tan mala suerte que me quedé literalmente colgada del borde. Suerte la mía que pasaban unos niños mayores que me tendieron una mano y consiguieron sacarme de allí. Los metros que separaban el borde del final del mismo eran muchos. Demasiados. Y suerte que mis abuelos no se enteraron. Ni por la forma mala ni por la buena.
Luego he notado situaciones en las que una milésima de segundo era suficiente para estar ahora aquí o no. Fui a Lisboa, la primera vez, a solas con mi chico. Y fui a dar un paso para cruzar la calle cuando un autobús (en Lisboa van con las puertas abiertas y a una velocidad de infarto) pasó delante de mí. Mi chico tiró de mí en el momento justo.
En verano, cuando estaba con mis abuelos de pequeña, íbamos a casa de unos tíos míos. Tenían una piscina. No era muy profunda. Pero no sé qué pasó que de repente empecé a tragar agua. Logré de salir de allí a duras penas. Mis tíos no se explicaban qué me sucedió para que yo no quisiera meterme más. Sólo entraron en la casa un par de minutos. Dejándome sola. Y entonces me sucedió. Cuando entraron me vieron fuera de la piscina tosiendo. Les dije que no pasaba nada. Sólo que tenía tos.
Otra vez, hice la idiota justo frente de mi casa. Me subí a un muro. Con una altura de dos o tres metros. Cayendo como una imbécil de espaldas.
También crucé la carretera de mi casa para ir por chuches a la tienda sin mirar si venía un coche. El coche frenó a tiempo. Compré las chuches y al volver todavía estaba allí el coche. Tal fue el susto del conductor que no pudo volver a arrancar hasta pasados varios minutos.
Uno de la plazoleta me tiró un pelote en la sien. Con una fuerza inmensa, que me hizo caer. Raro es que no me hiciera una brecha. O me dejara lista de papeles.
También me atropelló una bicicleta dejándome tirada en la calle dolorida...
Jorrrr....Me estoy dando cuenta que fui una niña un poco loca. Y eso que creía que era modosita.
Foto del Flickr. Autor: MILINTO C.
martes
Leopoldo de Bélgica

Este angelito que vivó al final del XIX está considerado hoy como uno de los grandes criminales de la historia de la humanidad. Resulta que él solito se adjudicó la propiedad de un país entero (La República del Congo), aprovechando los excesos colonialistas de la época. Claro que fue más allá y decidió enriquecerse a costa de los recursos naturales de tan extensa propiedad y de la mano de obra gratuita que sus habitantes se vieron obligados a prestar.
Lo que los europeos hemos hecho en Africa no tiene nombre, bueno sí, pero causa sonrojo sólo pronunciarlo. Y todavía en nuestra política exterior actuamos con un gran paternalismo, cuando la enfermedad de ellos se la causó el virus de nuestro egoísmo y avaricia.
Pues eso, este caballerete que posa tan naturalmente, se cargó a más de doce millones de congoleños por no trabajar lo suficiente. Conrad retrata los excesos del colonialismo en su célebre novela y no es casualidad que la situara en el Congo.
Encima murió de viejo.
domingo
La pasión de ser madre.

Yo lo digo siempre. Ser mujer no significa que quieras o tengas que ser madre. No. Conozco personalmente dos casos totalmente opuestos.
Uno es de una mujer que me dice que no quiere ser madre porque no le gustan los niños. No siente la necesidad de ser madre. No quiere responsabilidades. Quiere vivir su vida sin hijos. Me parece bien. Eso de tener hijos, bien sea biológicos o no, conlleva muchísimas cosas.
El otro caso es totalmente diferente. Ella es una antigua compañera de trabajo. Abreviaré un poco. Ella intentaba, de manera inútil, ser madre. No lo lograba. Se quedaba embarazada y abortaba de manera espontánea. Le pasó varias veces. Se dio cuenta de que tenía problemas. Lo intentó con inseminaciones. Nada. Cuando se dio por vencida se quedó embarazada sin saberlo. Creyó que tenía algo malo porque se le retiró la menstruación durante tres meses. Cuando fue al médico le dijo que estaba embarazada. Imaginaros la alegría. Se dio de baja a partir de ese día. Embarazo de alto riesgo. Ya la edad influía y los antecedentes de abortos. Dio a luz una hija. Pero con dos o tres meses la niña enfermó. Una enfermedad rarísima. Con seis meses, murió la niña. Recuerdo que la tarde antes de morir fui a acompañarla al hospital. Ella sabía que su hija se estaba muriendo a chorros. Y ahí estaba, acompañandola en sus últimas horas. Con una fuerza que nadie sabe que tiene hasta que la necesita. Yo, no sabía qué decirle. Sólo la abrazaba. Tampoco sabía qué decirle la mañana de su entierro. Ese ataúd pequeñito y blanco que portaba su padre...
Pero ella no desistió de su deseo de ser madre. Se inseminó de nuevo. Y ahora es la madre feliz de mellizos. Niño y niña. Me alegro por ella. Mucho.
Feliz día de la MADRE, amiga mía. Siempre soñé con poder decírtelo.
Foto del Flickr. Autor: Kudaker.
viernes
El mapa del tiempo

Fui a buscar esta novela a mi librería de cabecera porque había oído hablar mucho y bien de ella. El autor, Félix J. Palma, no me era totalmente desconocido pero nunca había leído nada de su producción. Ni siquiera sabía que era oriundo de este rinconcito del sur. Cuando llegué le dije a Cristóbal, mi amigo librero, si disponía de la novela, que si la conocía, que tenía buenas críticas y que el argumento me resultaba atrayente. Se sonrío y miró a su compañero comentándole: búscalo y dáselo. Me fui con su compañero y seguí halagando la novela al otro librero mientras no paraban de sonreir los dos. Al final éste último me suelta lo siguiente: "se lo diré a mi hermano". ¿Cómo? ¿El autor del libro es tu hermano? Sí. Pues me quedo sorprendido. ¿Y cómo ves la novela? Pues, aunque esté feo decirlo es una muy buena obra.
Salí de allí, pensando, qué cara de imbécil se me debe haber quedado.
Ya os contare cuando la lea qué tal.
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