jueves

Vagabundo en África


Llevaba años intentando leer este libro, pero por una u otra razón nunca había podido hasta ahora. El porqué de este deseo no sé explicarlo muy bien, quizás sea que el título me resulta atrayente o que el género de la literatura de viajes me apasiona. El caso es que por fin le "hinqué el diente" y ha sido un placer inmenso descubrir al Sr Reverte. No sólo no me ha defraudado, sino que he descubierto una manera muy original de contar los viajes: mezclar lo que sucede en un lugar, con la historia de ese sitio. Reverte, lo hace así y resulta ameno. Además ayuda a comprender la idiosincrasia de las culturas que visita.
En este libro, hace un recorrido por el sur de África para buscar el Río Congo y de esta manera revivir la historia que Conrad cuenta en El corazón de las tinieblas.
Me ha gustado tanto, que he empezado sin descanso con otro de su trilogía africana.
Os invito a que lo degustéis, hacía mucho tiempo que no me sentía un niño leyendo un libro.

martes

Ultima vez


Nadie ni nada nos avisa de cuándo es la última vez que uno ve a alguien en su vida. Incluso hay veces que te resulta imposible saber cuándo fue esa última vez.
No sólo me refiero a cuando muere alguien. Y ya no tienes oportunidad de verlo. También me refiero a cuando ya esa persona no se va a cruzar contigo en ningún sitio. Ni en una tienda, ni en una calle, ni en el autobús, ni en la consulta del médico. Cuando es una antigua compañera del colegio, por ejemplo. Me pongo a pensar y recapacito...Sí, la última vez que la vi fue en la fiesta de fin de curso de octavo de E.G.B. En el patio del colegio. Ya no volví a verte. Ni a saber de ti. No. No sé cómo te va en la vida. Si eres madre o no. Si trabajas o no. Incluso si vives o no...Yo no sabía que ese era el último día que te veía. Si lo hubiéramos sabido, no lo hubiéramos entendido. No. Eramos sólo crías. Y una cría no sabe que su compañera de tantos años de estudio y de juegos va a "desaparecer" como por arte de magia. No entiende del paso del tiempo, ni de sus efectos devastadores en algunos casos. No. No sabemos cuándo es la última vez que se ve a alguien. Aunque ese alguien tampoco sepa que te vio ese día por última vez. Quién sabe. Lo mismo ella si te ha visto sin que tú te dieras cuenta. Sólo espero que la vida te haya tratado bien. Como a mí.
Foto del Flickr.Autor: dezeta.

domingo

Laudate dominum

Vale, vale, seguid leyendo que no os vais a arrepentir. Incitaros a oir una pieza sacra de Mozart quizás no sea lo más atrayente del mundo, pero si os digo que el otro día conseguí que veinticinco chavales de 14 años no sólo la oyeran hasta el final sino que además aplaudieran al final, a lo mejor os convenzo.
Si hay alguna obra que me transporte casi al nirvana, el Laudate de Mozart, es una de ellas. Tiene un efecto hipnótico, perfecto para relajar.

viernes

Millonésima vez.


Abrió lentamente los ojos. Notaba que le pesaban. Hacía calor, gotas de sudor le corrían por la frente.
Parpadeó para ver mejor. Se notaba relajada a pesar de no recordar mucho. Se había quedado dormida en el suelo. Lo sabía ahora porque fue lo primero que vio. La noche había sido movida. Mucha pasión. Una prueba de ello fueron las copas de vino que habían en la mesa. No encontraba la botella.
Seguía sin moverse. No le apetecía. Se encontraba bien así. No recordaba tener un collar de esmeraldas. No. Ella no se lo podía permitir. Y él nunca le regaló algo así. Pero divisó esmeraldas esparcidas por el suelo...De diferentes tamaños. Alguna estaba manchada de vino. Del color de la pasión. El rojo. Seguro que en el deseo de la noche se le rompió el collar cayendo al suelo. Qué importaba eso ahora. Nada.
Se quedó dormida. Estaba cansada. Tremendamente cansada.
Cuando despertó al cabo de las horas, recordó.
Las gotas de sudor no eran tales. Eran gotas de sangre. De una herida en la cabeza. No recordaba nada al principio por el golpe en la cabeza. La noche había sido movida, pero no por la pasión del amor. Fue por la pasión del odio. La botella no la veía porque fue con lo que él la atacó al principio. Se la rompió en la cabeza. Las esmeraldas que ella veía eran trozos de la misma botella que cayeron al suelo. Nada de manchadas por el vino. Era su propia sangre. No podía moverse. La paliza que él le dio fue mala, tanto que estaba tirada en el suelo tetrapléjica y ella todavía no lo sabía. Fue entonces cuando despertó. Despertó y empezó a vivir su siguiente pesadilla: la de la vida en silla de ruedas. Si es que alguien se daba cuenta de que estaba allí, tirada en el salón de una casa de campo en las afueras de la ciudad. Totalmente incomunicada. Sola. Y todo porque él, por millonésima vez le pidió perdón con una cena romántica en un sitio romántico. Y ella lo perdonó.Por millonésima vez.
Foto del Flickr. Autor: Alfredo Lietor.

martes

Querido Antonio

No nos conocimos personalmente, pero formaste parte de mi vida durante muchos años. Mis años de adolescencia empezaron con los acordes de "Una décima de segundo". La vida da muchas vueltas, y aquello que antes me parecía de calidad, hoy no añoro. Pero tus canciones, tus pensamientos y tus anhelos aún siguen vivos en mi corazón. Aunque algunas cadenas de radio se empeñen en mancillar tu legado machacando el "chica de ayer" como si fuera un himno.
No te comprendimos, o sí. Eras ese chico triste y solitario, tu primo aparentaba lo contrario. Juntos habéis creado una memoria musical que perdurará mucho tiempo.
Querido Antonio, cuando he sabido de tu muerte me he sentido, de repente, en deuda contigo. "Mi lucha de gigantes" ya se pasó, pero como decía otra de vuestras canciones, "siempre hay un nuevo plan".

lunes

Coche rojo.


Hace tiempo,en el otro trabajo, quedé en la salida del mismo con una antigua compañera. Hacía tiempo que no la veía y tenía unas ganas inmensas de verla. Me llevé toda la mañana, en el puesto de trabajo, pensando en la de cosas que le diría. Todos los chismes. Todas las últimas noticias del trabajo. Le preguntaría por sus hijos. Ella haría lo mismo con los míos. Ya que los vio nacer...
La mañana se me hacía interminable. Jo. Siete horas esperando. Nada. Que por fin se acercan las tres de la tarde. Una gozada. Nos iríamos a comer solas. Todo por delante. Nada de cocinar ni de recoger la mesa ni la cocina. Ella me dijo que estaría esperándome fuera. En el coche. No le apetecía entrar allí a buscarme. Ya que había trabajado allí y no tenía ganas de saludar a ciertas personas...
Nada, P. Yo me salgo de allí y ya nos vemos. Ella me recogería en su coche. Quilla...que no sé de qué color es tu coche. Rojo. Vale.
Las tres y cinco de la tarde. Salgo de allí pitando. Bajo las escaleras como una loca y me meto en el coche rojo. Le zampo dos besos y le digo que dónde vamos a ir a comer...
Me veo a un tío con cara de "pasmao" y con los ojos que se le van a salir de las órbitas. Me había equivocado. Entré en el primer coche rojo que había sin darme cuenta de que no era el de ella. Era el del marido de otra chica que salía de trabajar y que me miró con ojos de loca cuando yo salí del coche de su esposo no sin antes ver con horror cómo yo le daba los dos besos equivocados...
Cuando por fin divisé el coche de mi amiga entré y sin besos ni nada le dije: SAL CORRIENDO DE AQUÍ...QUE ME PEGAN.
Foto del Flickr.Autor: Vagamundos.

sábado

Monumento a Álvaro Domecq (Jerez)


¿Dónde si no se le ocurriría a alguien hacer una escultura ecuestre que no sea en mi "pueblo"? Destila "lo mejor" de su idiosincrasia, a caballo y con el sombrero cordobés. ¡Fuera tópicos!
Y yo lo tengo que rodear varias veces al día, ¡porca miseria!