De pequeña me gustó deshojar las margaritas. Soñaba con un príncipe azul. Muy guapo. Alto. Que me amara profundamente. -Sí me quiere -No me quiere -Sí me quiere -No me quiere... Ahora de mayor recuerdo el último pétalo. Así que me he comprado otra margarita. -No quiero que me chilles -Sí quiero que me acaricies -No quiero que me pegues -Sí quiero que me ayudes -No quiero que me violes -Sí quiero que me ames -No quiero estar contigo -Sí quiero valorarme
Las muchas veces que me ha tocado acompañar a alguien al Zara, porque yo sólo no voy ni loco, he tenido que soportar empujones en las colas, gritos histéricos, desbarajustes varios y ver una tienda convertida en un campo de batalla con una maraña de ropa por el suelo. Sin embargo, la experiencia no es del todo negativa porque la música del Zara, aunque parezca increíble, me gusta. Sí, adoro el acid jazz, es una música que evoluciona del funky y tiene lo mejor del jazz. Casi siempre buenas voces negras y una cuidadísima producción. Los que hacen acid suelen ser sofisticados y maniáticos en extremo, conocen la discografía más variopinta y la usan sampleada o como modelo. Dos o tres acordes, un bajo contundente, un fender rhodes y cinco o seis minutos de regodeo en un ritmo repetitivo. Los del Zara saben lo que se hacen, con su música consiguen que sus clientes se sientan sofisticados y modernos. Viva el Acid.
No sé de qué escribir cuando al lado tengo a Satie en el piano tocando una exquisita pieza de él mismo...de ERIKSATIE. Gnossienne. Mi mente se evade a otros mundos. Me recuerda a la magia. Un mago elegante hace todo un ritual de movimientos de manos que consigue que no preste atención a su truco. Es parco en palabras. No le hace falta. La atmósfera hace que todo sea...sutil. No te das cuenta y sin embargo estás embriagada de tanto misterio... No sé qué tiene Satie...tanto el músico original como mi compañero. Elegancia y misterio. Todo en uno. Yo sé qué es lo que no quiero perder: A NINGUNO DE LOS DOS.
Aunque parezca mentira, en este perdido rincón del sur de Europa hay un sitio en el que podemos ver cuadros de Goya, Velázquez, Zurbarán, El Greco, Sorolla, Coello y retablos góticos, todos juntos en un lugar tan evocador como una bodega. No hace mucho de ello y por eso la pinacoteca no está atestada de gente todos los días. De todas formas, resulta incomprensible que no sea más conocida porque en cualquier otro lugar de Andalucía es imposible encontrar algo similar. Podéis acercaros a verla en Las Bodegas Tradición y de paso tomaros un vinito, que tampoco está reñido con el buen arte. Hasta ahora sólo se exponen sesenta cuadros, pero la colección Rivero, que así se llama, tiene intención de ir exponiendo cada vez más de sus trescientos tesoros. Desde luego que ver un Carlos IV goyesco impresiona, pero los dos cuadros que más me gustaron fueron este de arriba de Jiménez Aranda (El guardacantos) y un San Miguel renacentista atribuido a un maestro catalán. Os aconsejo una visita.
Sonia se sentía triste. Tanto que no podía hablar con nadie. Tanto que deseaba hablar con alguien. Así que optó por escribir...para quien encontrara la carta.
"Qué difícil es hacer feliz a alguien completamente. Será por eso que somos humanos y que la perfección no existe. Los años y la proximidad hacen que conozcas a las personas. Ahí ya juega una con algo de ventaja. Pero esos años y proximidad también hacen que "vicies" algunas cosas. La vida no se ve igual con 20 años que con 30. Todo va cambiando. No cambian los sentimientos, si son buenos perduran y se hacen más fuertes. Si son malos...seguirán siendo malos o peores. Cuando a eso le unes que tienes familia y responsabilidades en el trabajo se te hace más cuesta arriba. Lo prioritario es lo prioritario. Y aunque tú darías la vida por quien lo merece hay veces en las que algo simple te cuesta más. Porque lo que tú hacías hace tiempo sin problemas ahora es más difícil. No por eso dejas de respetar. Pero sí hace que haya un pequeño roce. Que por muy pequeño que sea no deja de ser molesto para los protagonistas. También hace que una se sienta completamente mal. Tanto que no puedes ni llorar. Sientes que la otra persona no va a "entender". Te sientes fracasado y con miedo. Porque piensas que va a ocurrir lo que te da miedo. Quedarte sola... A veces pienso que lo hago mal en muchas circunstancias. Y lo haré mal, seguro. Porque si no, no estaría ahora escribiendo esto. Pero no me importa dar si eso conlleva que sea feliz o completamente feliz alguien. Lo prioritario es lo prioritario. Yo soy algo secundario y de mí me encargo yo" SONIA
Hoy hace 20 años que no te veo. Hacía frío aunque el sol estaba fuera. Esos pasillos tan interminables. Ese bullicio de gente. Tu padre estaba en estado de shock y casi no podía hablar, estaba asustada por él. Esperábamos todos en la sala de espera de quirófano hasta que, demasiado pronto para mí (cosa que no me gustó), salieron a decírnoslo: "Ha fallecido". Es lo único de lo que me enteré. El tiempo se paró en ese momento. Yo no escuchaba nada. No veía nada. Recuerdo que me abracé a mi tía, mi madrina. Pero no sabía qué tenía que hacer. Quería salir de allí, de aquella pesadilla. Me hice cargo de tus cosas personales. De tu radio pequeñita roja que te compraste para que el tiempo ingresado fuera más pasajero. Ya sabrás que continué muchos años trabajando en un quirófano. Creí que no iba a ser capaz. Hoy hace 20 años. Dicen que 20 años no es nada...Para mí sí. Es la mitad de mi vida. La que me he llevado sin ti. Y me has hecho falta en muchas ocasiones importantes. En mi boda, en el nacimiento de tus nietos... Pero te "noto" siempre cerca. Muy cerca. Eso lo sabemos sólo tú y yo. Te quiero. Le daré a mamá un beso de tu parte.
Es cierto que la palabra pánico se usa gratuitamente. Quizás no la empleamos en el contexto exacto. Lo que para unos es grave para otros es...distinto. Pero hay ocasiones en las que no te queda más remedio que usarla... En mi vida he pasado por momentos extraños. Que sólo iban a durar segundos. Pero en milésimas de segundos tuve pánico. Una de ellas fue al doblar la esquina de una calle. Iba sola. No había nadie. Justo al doblar la esquina me encuentro de frente con un hombre. Iba también solo. Con una mirada de loco. Caminaba a grandes zancadas. Y cuando me dí cuenta miré lo que llevaba en las manos. Llevaba un bate de béisbol en la mano derecha. Y golpeaba con él la palma de su mano izquierda. Como calentándolo. Como aguantando un golpe que iba a recibir algo o, mucho peor, alguien... Y durante milésimas de segundos pensé: "Madre mía. ¿Me llegó la hora de que un loco me de una paliza con un bate de béisbol?¿Quién podría evitar eso ahora?¿Qué hace que eso no pueda ocurrir ahora?". No ocurrió nada. No lo miré y pasé al lado de él. Y estuve pidiendo en voz baja no recibir un golpe en la nuca.