jueves

Londres. Carnaby Street



Una de las cosas que más me apetecían hacer al ir a Londres era visitar Carnaby Street.
Sería que me lo imaginé como una vuelta a los años 60 que cuando fui allí salí completamente decepcionada.
Es eso, una calle. Pero una calle que puedo encontrar en cualquier ciudad. Donde hay tiendas que hay en la Calle Larga de Jerez. Donde no hay nada que recuerde a los años 60. Bueno sí, hay un pequeño local donde homenajean la época con una mínima exposición de fotografías y con cuatro trajecitos colgados de maniquíes.
A los de la exposición les pregunté si había en la calle alguna tienda donde comprar ropa o calzado de los maravillosos 60. Nada. Hasta que uno de ellos se acordó que girando a la derecha y luego a la izquierda había una tienda de ropa de segunda mano. Pero una tienda sin pena ni gloria.
Lo dicho. Si vais a Londres para viajar a la época del pasado donde muchos de nosotros nacimos, no lo encontraréis en Carnaby Street.
Lo paradójico es que justo al lado del hotel donde nos quedamos, descubrí por casualidad una maravilla de tienda. Donde me "enamoré" de un par de zapatos y bolso a juego. Claro que me los traje a España.

martes

La ley del menor


Desgraciadamente tiene que ocurrir algo como lo sucedido en Seseña para que todos nos volvamos a mirar a los políticos para preocuparnos de porqué pasan estas cosas y exigirles medidas.
Conozco un poco del asunto pues he visto como algunos de mis alumnos han ido terminando en un centro de reforma por pequeños delitos. Cuando hay un crimen de este tipo lo primero que se nos ocurre es que el autor o autora no vaya a la cárcel o incluso pague sólo unos pocos años de su vida por lo hecho es injusto. Yo no discuto esto. No me interesa lo que es justo o no en este debate, sencillamente porque lo que de verdad me interesa es saber qué podemos hacer para que este tipo de barbaries nunca sucedan.
Algunos datos que sirven para reflexionar:
-Todos los jóvenes que he conocido y que acabaron en un centro de reforma tenían carencias familiares afectivas y/o económicas.
-Todos los jóvenes que he conocido y que acabaron en un centro de menores tenían graves problemas de convivencia que nunca fueron abordados desde una perspectiva multifactorial que incluyera al centro, al alumno y por supuesto a su familia.
-Todos los jóvenes que he conocido y que acabaron en un centro de menores tenían graves carencias educativas, la mayoría apenas sabía leer y escribir funcionalmente.
-Todos los jóvenes que he conocido y que acabaron en un centro de menores habían oído de algún adulto (normalmente un profesor o profesora) la siguiente frase: "tú vas a acabar muy mal".
-Las familias de todos los jóvenes que he conocido y que acabaron en un centro de menores dijeron alguna vez: "no sé qué hacer con este chico/a". Familias que en su mayoría habían mirado para otro lado cuando se les advertía de que sus hijos/as necesitaban que alguien les marcara los límites.
-Todos los jóvenes que he conocido y que acabaron en un centro de menores tenían una autoestima desastrosa y encontraban que apartarse de las normas les hacía sentirse importantes y obtenían una atención que nunca antes consiguieron por hacer lo correcto.

Podría seguir, pero creo que es suficiente para ilustrar que este debate no es ni tan simple ni tan sencillo como meter en la cárcel a niños de catorce años.
La foto es de Claudius Plober (Flickr)

domingo

Tiempo


El tiempo es algo de lo que no podemos dejar de hablar. Todo corre en torno a él.
Tenemos relojes en todas partes. En nuestras muñecas, en nuestros móviles, en el ordenador (sí, sé que has mirado ahora la hora), en la calle, en el coche...
Tic, tac, tic, tac...
Somos avariciosos en el terreno temporal. Vemos correr el tiempo como si se tratara de un chorro de agua brava y estuviéramos sendientos. Intentamos "rebañar" algo de tiempo para ir acumulándolo a lo largo del día. Tiempo, tiempo. Necesitamos tiempo. Pero no sé si os habéis dado cuenta que mientras más tiempo queremos tener, más pronto se acaba. Que mientras más tiempo gastemos menos tiempo nos queda.
Tic, tac, tic, tac...
Mientras estoy haciendo éste post ¿estoy perdiendo el tiempo?
Debería estar haciendo varias cosas:
-Llamar a mi madre.
-Hacer la merienda de los niños.
-Preparar las cosas para mañana.
-Prepararme para salir.
-Recoger la cocina un poco.
Eso por decir algo.
Sin embargo siento que ahora no pierdo el tiempo porque estoy haciendo algo.
Todas las cosas de la lista anterior no me da tiempo de hacerlas en estos diez minutos. Así que llamaré a mi madre mientras hago la merienda de los niños. La cocina, la recogeré antes de prepararme para salir.
Sí. Todo gira en torno al tiempo. Algo que consigue que podamos ganar dinero o perder la salud. Algo que es invisible pero que nos machaca como un virus.
No. No tengo tiempo de más. Cada vez me queda menos.
Tic, tac, tic, tac...

Grito sordo


Hay momentos escasos en mi vida en los que me gustaría llegar a desaparecer.
Ir encogiendo poco a poco. Hasta llegar un momento en que nadie me vea. Llegado ese momento no podría escuchar lo que dicen de mí. Ni tampoco podría mirar y ver en qué situación me encuentro.
Sólo sé que no quiero ser como tú.
Espero poder conseguirlo.
Pero, con suerte, con mucha suerte, lo sabré cuando pasen algunos años.
También espero que con suerte, con mucha suerte, tú lo puedas ver.
Para que te tragues tus palabras. Esas que decían que yo era la peor.
Larga vida a la reina. La reina del chantaje.

sábado

Mierda


Siempre me ha fascinado la versatilidad del castellano para sacar el máximo partido a determinadas expresiones. Hoy me voy a centrar en los usos que podemos darles a las palabras que definen nuestros productos de desecho. Os juro que no voy a mirar la wiki, ni ningún diccionario.
Que yo recuerde, para nombrar este asunto disponemos de un arsenal de vocablos. Por ejemplo, hez, caca, caquita, mierda, zurullo, churralá, mojón, cagada, diarrea. Algunas otras metafóricas como plantar un pino, poner un fax, hacer popó, dar de vientre, hacer sus cosas, hacer algo que uno solo puede hacer, aliviarse, irse de bareta (esta de por sí necesitaría una entrada sola). Otras más técnicas como defecar o excretar.
Pero lo que más me sorprende es la cantidad de usos que se le pueden dar a algunas de sus asepciones en función del lugar y la forma. La más clásica vete a la mierda, o vete a cagarla. También esto es una mierda o si el enfado es supino esto es la mierda (obsérvese como cambia el sentido al variar el artículo). Me gustan, estoy hecho mierda para describir cansancio.
Qué os parece el deseo de buenaventura en el artisteo, -mucha mierda-, eufemísticamente para evitar decir suerte.
Mierda puta viene a reiterar que el suceso acontecido ha sido bastante desagradable y suele usarse en sustitución del más simple, qué mierda. Frases más elaboradas como estoy de mierda hasta el culo son indicadas para describir una situación en la que uno no es responsable de algo pero se ha visto afectado. Para este mismo fin se suele recurrir a salpicar de mierda.
Técnicamente las heces pueden ser sólidas, líquidas e incluso... explosivas, que digo yo que no hacía falta ser tan ilustrativo.
En fin, que en cinco minutos fijaos la cantidad de expresiones que he recordado, seguro que hay miles de ellas más. Si os animáis podemos ir conpletando el glosario.
Para compensar de tanta escatología os pongo una foto de Xavi XM (Flickr)

miércoles

Rapsody in blue

Bueno, hoy me he puesto un poco melancólico y he sentido la necesidad de revisitar una de las obras que más me emocionan. No sé si será porque uno es hijo del cine clásico y casi seguro que la primera vez que la escuché fue en una de esas pelis que ponía el programa mítico de la 2, Cine Club.
Es una de esas joyas que llevan dentro lo mejor del jazz y lo mejor del romanticismo. Clásico de la música norteamericana, aún me emociona y me excita por igual.
Aquí les dejo un trozo interpretado por Bernstein.


martes

Se alquila zulo



Hace algunos años descubrí que el verano es para descansar.
Así que durante 15 días intentamos irnos a algún lugar de playa para venir con las pilas puestas.
Los últimos 5 años hemos ido a Chiclana. Una tierra maravillosa. Una playa genial, de las mejores. Un paseo marítimo espectacular.
El año pasado íbamos a ir, como todos los años. Pero un par de semanas antes de disfrutar del paraíso, la dueña del lugar donde vamos nos sube el precio 300 euros. ¿Cómo? ¿Estás loca? ¿A quince días de irnos nos das la puñalada trapera? Pues hija, conmigo has dado. Con mi dinero hago lo que me da la gana.
Así, que la "señora" consiguió "chafarnos" las vacaciones.
Puestos a enmendar futuros errores o futuras puñaladas traperas nos hemos decidido (desde hace un mes) a buscar algo allí.
La primera, en la frente. La gente, no sólo no ha bajado los precios. Los ha subido como 300 euros más desde el año pasado. Las fotos de los apartamentos que me mandan las inmobiliarias son para llorar.
¿Cómo me puedes pedir cerca de 1700 euros la quincena con esos muebles de provenzal que ni siquiera recogería del basurero?
¿Queréis ganar dinero? Vale, me parece bien. Pero también tenéis que invertir, hijos míos. Yo no he visto esas colchas años 80 desde....los años 80.
Cutres. Que sois unos cutres.
Prefiero irme a la otra punta de España antes de que me robéis así.
Y lo siento. Os terminaréis cargando la "gallina de los huevos de oro". Lo siento por los comercios. Ya hace un par de años que la gente no se puede permitir ir a bares...Ya se lo han gastado todo en los apartamentos-cutres.
La foto: una de las últimas que me mandaron.
Respuesta mía: "Mira hija, si por esto me pides 1700 euros: NO ME MANDES MÁS COSAS."