Cuando uno no sabe conducir, le da igual quién le lleve. Podría ser el título de una película, de un refrán o el título de un libro. Lo que quiero decir es que yo, conductora de más de 20 años (de edad no, joíos) en mi haber, veo con pánico una especie que debería estar extinguida. Me refiero a los "abueletes, abueletas" conductores. Yo los quiero, los respeto, daría mi vida por ellos. Pero no la daría en mi coche. Me da miedo que un señor mayor, muy mayor, que no ve bien, que se medio duerme sentado en una silla, que toma medicación para el colesterol, la tensión, la diabetes, y mucho más. Que se tiene que poner un cojín en el asiento porque casi no llega. Que escucha mal. Que no puede mover bien los brazos para girar una rotonda (imaginaros al pobre para maniobrar en un aparcamiento subterráneo). En fin. Lo mío no es una falta de respeto para ellos. Parece de risa pero creo que algunos son un peligro si llevan un volante. Hay gente mayor que está muy capacitada para ello. Me parece bien. Pero hay algunos casos que para qué. Lo que no me explico es por qué suelen pasar los reconocimientos médicos para que le renueven el carnet. Porque, en el último que tuve que pasar, reconozco que me costó un poco manejar el "volante" de la pantalla para que no me estrellara. Madre del amor hermoso.
Un anuncio que he visto últimamente. Después de hacer el post. Pero que me viene ideal.
Acabo de ver un documental de esos que normalmente te llevan a echar una siestecita. Sin embargo, me ha despertado y bastante. Resulta que hay una serie de físicos que afirman que la materia no son átomos, sino cuerdas y que el universo está compuesto de once dimensiones. Yo llego a entender las tres que ahora están tan de moda en los cines. Incluso puedo mezclarlas con la cuarta (el tiempo), pero ¿y todas las otras, cómo las asimilo? No contentos con esto afirman además, que la undécima dimensión tendría una composición parecida a una membrana que nos rodea y nos contiene. Vale, una especie de velo que nos une, muy bonito. Afirman además para que esta teoría tenga sentido deben existir otros universos paralelos al nuestro, flotando como burbujas, unos parecidos con vida y otros muy distintos con características muy diferentes. Cuando concluyen que el big bang es el resultado del choque entre dos universos mi cabeza ya no puede con más y me voy a tomar un te. Si quieres embolicarte ya sabes...
El sol acaricia mi cara. No puede haber más placer rodeada de vegetación. Arboles de todas clases. Ganas de tumbarse en la tierra. Esa que nos une al hombre con el sentimiento de libertad y de gozo. No puede haber más placer que sentir la naturaleza en todo sus sentidos. Oigo a los pájaros. Siento en mis manos la rugosidad de la tierra. Huelo las flores. Veo una maravilla y casi que paladeo la felicidad...Sí, las mulas que sí... Estoy en el Jardín Escénico. Cerca de casa. He venido a relajarme con el Satie. He venido a disfrutar. Y, después de caminar por el mismo, nos sentamos en uno de los bancos. Y HORRORRRRR....No puede ser. Estamos a primeros de Abril...por favor. Y ya vemos el primer reportaje fotográfico de un niño vestido de comunión. Un niño que viene rodeado por una tanda de futuros gorrones de convite. Un niño vestido de marinerito. Un niño haciendo las poses fotográficas que su madre le indica. ¿Un niño? Y es que, lo malo de ir a este maravilloso jardín es que te "topas" con reportajes de bodas y comuniones. Me he llegado a encontrar a tres novias diferentes el mismo día con sus invitados correspondientes. Ganas de tirarles del velo. El hombre y la tierra...esos grandes desconocidos.
De niña, la idea de la muerte me daba miedo. Era algo oscuro, tenebroso. Algo relacionado con monstruos, fantasmas, hombre del saco... Cuando era adolescente la idea de la muerte...me atraía. Una cosa que daba morbo. Que a puntillas quería ver. Ya, con la edad que tengo, la idea de morirme...me joroba. Y es que estoy feliz como estoy. Pero no le tengo miedo. Sin embargo no quiero "sobrevivir" a mi familia más cercana. No, eso no. Soy egoista. Nunca he dicho que no lo fuera. Quiero que me entierren ellos. Mis amigos más cercanos y poco más. Quiero que luego, sigan con sus vidas. Que ya han tenido bastante. Y sólo pido una cosa, una sola: que toquen un tango en mi último día, mientras me despiden.
A ser posible, que lleven a estos músicos. Luego que se tomen una copa, que yo tendré que bailar mi último tango con la muerte, esa gran dama misteriosa. Ese baile será largo. No quiero que venga por nadie querido tan pronto.