El momento de no hacer más ni puñetero caso a los que gobiernan pensando que nos van a sacar de esta. A no creer que los que están en la oposición tienen mejores planes para superar la situación. A no escuchar a medios de comunicación constreñidos por las subvenciones. A no seguir a sindicatos que no luchan por los derechos de los que dicen defender sino que pelean por mantener su estructura megalítica. A no confiar en que una especie de demiurgo todopoderoso llegará al final del cielo para librarnos del fuego eterno. A no esperar que el vecino haga lo que no queremos hacer porque no nos atrevamos.
Si de verdad terminamos escapando de este desastre sólo será porque cada uno en su papel haga lo que tiene que hacer, mejor, si puede. Trabaje con mayor ahínco por dar lo mejor de cada uno. Supere las adversidades y se enfrente a las contrariedades. Evitemos el conformismo y el fatalismo. Así es como los pueblos han progresado y seguirá siendo del mismo modo.
domingo
¿Y no ha llegado el momento ya?
sábado
Claude Boiling
Si os gusta el jazz y el cello...
Buen fin de semana.
Buen fin de semana.
lunes
La reserva (I)
Me desperté en una camilla sin saber muy bien lo que había ocurrido. Mi cuerpo no era capaz de asimilar la forma en la que unas horas antes me bañaba en la playa y en ese momento unas correas sujetaban mis extremidades para que no pudiera moverme. La habitación en semioscuridad, tenía otra camilla vacía en el otro lado. Olía a medicamentos y las probabilidades de encontrarme en un hospital eran absolutas.
¿Estaba enfermo? ¿Habría tenido un infarto? Con veintitrés años cumplidos hacía sólo unas semanas me parecía poco probable. ¿Quizás un ataque de epilepsia con la subsiguiente amnesia? Pero yo no había olvidado nada significativo sobre mi vida (o eso creía). Entonces ¿qué cojones hacía atado a esa puta camilla?¿Y mi familia? ¿Y mi novia? Estaban conmigo en la playa, ¿estarían en la sala de espera? Seguro que algo muy grave estaba pasando, pero ¿por qué a mí?
Alguien entraba, pero no podía levantar la cabeza para mirar a ver quién era.
(Sigue un día de estos)
¿Estaba enfermo? ¿Habría tenido un infarto? Con veintitrés años cumplidos hacía sólo unas semanas me parecía poco probable. ¿Quizás un ataque de epilepsia con la subsiguiente amnesia? Pero yo no había olvidado nada significativo sobre mi vida (o eso creía). Entonces ¿qué cojones hacía atado a esa puta camilla?¿Y mi familia? ¿Y mi novia? Estaban conmigo en la playa, ¿estarían en la sala de espera? Seguro que algo muy grave estaba pasando, pero ¿por qué a mí?
Alguien entraba, pero no podía levantar la cabeza para mirar a ver quién era.
(Sigue un día de estos)
miércoles
Pega esto en tu muro
Estoy un poco hasta la coronilla de los estados de algunos en el facebook. La cosa empezó suavita con frases como esta: "comparte esto en tu muro si te ha gustado" después de noticias en las que la gente sugería que se le diera publicidad a asuntos de lo más variopinto. Pero es que últimamente las sugerencias empiezan a ser amenazas: "si no compartes esto en tu muro no tendrás la dicha eterna". El colmo es que algunos incluso se atreven a juzgarte antes incluso de decidir si lo vas a compartir o no. "Sé que algunos de vosotros no vais a compartir esto pero..." La verdad es que lo que muchos queréis que compartamos son temas que están un poco trilladitos, ahí va una lista:
-Las madres, por supuesto, la mía la mejor.
-La felicidad de tener hijos. Espera a que sean adolescentes y ya verás las ganas que te quedan de escribir cursilerías.
-Lo malo que somos los hombres. Sobre todo mujeres despechadas y en la mediana edad.
-Lo malas que son algunas mujeres. Entiéndase malas como "ligeritas de cascos". Sobre todo hombres despechados y cornudos.
-Niños y niñas con enfermedades incurables, perros abandonados, animales maltratados, chistes de muy poca calidad y así hasta el infinito. ¡Vaya cruz!
-Las madres, por supuesto, la mía la mejor.
-La felicidad de tener hijos. Espera a que sean adolescentes y ya verás las ganas que te quedan de escribir cursilerías.
-Lo malo que somos los hombres. Sobre todo mujeres despechadas y en la mediana edad.
-Lo malas que son algunas mujeres. Entiéndase malas como "ligeritas de cascos". Sobre todo hombres despechados y cornudos.
-Niños y niñas con enfermedades incurables, perros abandonados, animales maltratados, chistes de muy poca calidad y así hasta el infinito. ¡Vaya cruz!
martes
¿En qué quedamos?
A veces me parece que la estrategia gubernamental de emponzoñarlo todo y de esa manera encubrir medidas injustas da resultado. Y me da igual el gobierno al que nos estemos refiriendo. Todos hacen lo mismo. La culpa de los males económicos en gran medida es el número de empleados públicos que tenemos. No podemos permitírnoslo. En todos sitios sobran y lo que hay que hacer es coger la motosierra y empezar a podar esta administración hasta que lo que quede de ella sea tan pequeño que no tengamos más remedio que hacer que los servicios los cubran multinacionales con sueldos por debajo del mileurismo.
Y bueno, eso está en franca contradicción con lo que la realidad está mostrando. La ciudadanía necesita, exige, cada vez más sevicios públicos. En la educación los últimos años no han hecho más que certificar el aumento de matrículas en todos los niveles. El bachillerato, sin plazas, los ciclos de FP con récord de preinscripciones. Y todo esto en la enseñanza pública.
Qué decir de la sanidad. Colas en los centros de salud y aumento de número de pacientes por médico. En los servicios sociales el desborde es diario. En los servicios de empleo, ya, ni hablamos.
Vale que la administración ha crecido en los últimos tiempos, pero siempre en paralelo a lo que la población ha pedido. Y si ahora se pretende recortar los servicios, habrá que recortar también la demanda de los mismos ¿no? o ¿en qué quedamos?
Y bueno, eso está en franca contradicción con lo que la realidad está mostrando. La ciudadanía necesita, exige, cada vez más sevicios públicos. En la educación los últimos años no han hecho más que certificar el aumento de matrículas en todos los niveles. El bachillerato, sin plazas, los ciclos de FP con récord de preinscripciones. Y todo esto en la enseñanza pública.
Qué decir de la sanidad. Colas en los centros de salud y aumento de número de pacientes por médico. En los servicios sociales el desborde es diario. En los servicios de empleo, ya, ni hablamos.
Vale que la administración ha crecido en los últimos tiempos, pero siempre en paralelo a lo que la población ha pedido. Y si ahora se pretende recortar los servicios, habrá que recortar también la demanda de los mismos ¿no? o ¿en qué quedamos?
jueves
Alguien
Anoche tuve una pesadilla miserablemente horrible. Soñaba que salía de casa para ir al trabajo. Me montaba en la bicicleta y empezaba a pedalear. Justo en el semáforo en rojo escuché el sonido de una campanilla. Me eché a un lado creyendo que venía otra bicicleta. Pero no.
Miré hacia atrás. Un olor a vainilla me anestesió la sensación de pánico por unos segundos. Lo que pasó en minutos fue una jauría de maldad.
Alguien que no tenía bicicleta me la robó.
Alguien que no tenía ropa me la quitó.
Alguien que sus piernas perdió en un accidente...me las quitó.
Alguien que sus brazos estaban muertos desde hace años me los robó.
Alguien que estaba ciego me arrancó los ojos.
Alguien que estaba sordomudo me quitó esos sentidos.
Alguien que no podía tener hijos me quitó el útero.
Alguien sin corazón aspiró el mío.
Alguien que vendió su alma al diablo me quitó la mía.
De mí no quedó nada. Sólo lo que mis esfínteres expulsaron al exterior de mi cuerpo antes de que todo sucediera.
Por fín despierto. Me ducho y salgo de casa...Suena una campanilla, un olor a vainilla penetra por mi naríz. El horror hace que mis esfínteres no me respondan...sé que es lo último que sentiré antes del festival de aullidos.
Alguien que no tenía bicicleta me la robó.
Alguien que no tenía ropa me la quitó.
Alguien que sus piernas perdió en un accidente...me las quitó.
Alguien que sus brazos estaban muertos desde hace años me los robó.
Alguien que estaba ciego me arrancó los ojos.
Alguien que estaba sordomudo me quitó esos sentidos.
Alguien que no podía tener hijos me quitó el útero.
Alguien sin corazón aspiró el mío.
Alguien que vendió su alma al diablo me quitó la mía.
De mí no quedó nada. Sólo lo que mis esfínteres expulsaron al exterior de mi cuerpo antes de que todo sucediera.
Por fín despierto. Me ducho y salgo de casa...Suena una campanilla, un olor a vainilla penetra por mi naríz. El horror hace que mis esfínteres no me respondan...sé que es lo último que sentiré antes del festival de aullidos.
lunes
Fiebre
Le juro que no tuve nada que ver. Todo ha sido un accidente, si tiene que culpar a alguien, la codicia humana es la responsable.
¿Pero cómo es posible que sólo sobreviviera usted? preguntó el jefe del departamento de investigaciones internas.
Déjenme que les cuente y...
No hay nada más que decir, es culpable a todos los efectos, sentenció la investigadora.
De acuerdo, a lo mejor por omisión, por dejar que ocurriera lo que veía venir, por creer imposible que tres personas tan bien entrenadas caerían al final en el más vil de todos los errores, en el más trivial. La avaricia.
Vale, le escuchamos, musitó el jefe.
La misión iba tal como estaba recogida en el plan de ruta. El despegue excitante, como siempre, y la convivencia en la nave mientras llegábamos al objetivo no tuvo incidentes dignos de mención. El cosmonauta ruso se había adaptado a la misión internacional y la astronauta coreana, aún cuando se llevaba mejor con el compañero italiano, se relacionaba con todos fluidamente. En calidad de comandante, nadie discutió nunca ninguna de mis decisiones.
¿Qué ocurrió cuando aterrizaron sobre el asteroide? inquirió la investigadora.
En principio empezamos la rutina prevista y el desarrollo de los experimentos programados. Fue el cosmonauta el que empezó a comportarse de forma extraña. Ahora veo que el que todo coincidiera con el inicio del experimento exogeológico no fue una casualidad. Las extracciones de mineral del asteroide, los fracasos en su transporte a la nave, las reuniones de los tres integrantes para supuestamente mejorar los problemas suscitados... todo era una tapadera.
No sé quién descubrió al ruso antes, ni sé el acuerdo al que llegaron, del que por supuesto, yo era totalmente ajeno, pero la verdad es que Demianov había encontrado oro en A 44821. Pero no un oro cualquiera, sino uno de una calidad jamás vista. Probablemente, de un valor incalculable.
Si hubiera sido listo, tan sólo con el equivalente a un puñado le habría bastado para el resto de su vida. Pero tuvo que acumularlo en su habitáculo. No sé muy bien cómo esperaba ocultarlo, ni siquiera creo que pensara en ello. Lo cierto es que sus compañeros le descubrieron y acordaron con él algún tipo de reparto.
Durante más de tres meses fueron capaces de cooperar a mis espaldas, pero alguien empezó a desconfiar, o quizás nunca llegaron a confiar en ellos mismos más que lo suficiente para aparentar normalidad. Finalmente, el desenlace que ya conocen, un accidente trágico en el cráter N43 del asteroide. O a lo peor no fue ningún accidente y el vehículo de transporte se precipitó a aquel agujero por venganza, impulsos suicidas o simple violencia. Demianov condujo a sus compañeros y a sí mismo a un trágico final. Pensó tal vez que podría saltar en el último instante, pero no se dio cuenta de que estaba unido al copiloto, no se percató de que este quizás desconfiado, le había anclado a su traje para fusionar sus destinos.
Esto es lo que les puedo contar, no sé más. Fue como la "Gold Rush" del XIX. No hemos cambiado mucho, aunque hayan pasado más de cuatro siglos.
¿Pero cómo es posible que sólo sobreviviera usted? preguntó el jefe del departamento de investigaciones internas.
Déjenme que les cuente y...
No hay nada más que decir, es culpable a todos los efectos, sentenció la investigadora.
De acuerdo, a lo mejor por omisión, por dejar que ocurriera lo que veía venir, por creer imposible que tres personas tan bien entrenadas caerían al final en el más vil de todos los errores, en el más trivial. La avaricia.
Vale, le escuchamos, musitó el jefe.
La misión iba tal como estaba recogida en el plan de ruta. El despegue excitante, como siempre, y la convivencia en la nave mientras llegábamos al objetivo no tuvo incidentes dignos de mención. El cosmonauta ruso se había adaptado a la misión internacional y la astronauta coreana, aún cuando se llevaba mejor con el compañero italiano, se relacionaba con todos fluidamente. En calidad de comandante, nadie discutió nunca ninguna de mis decisiones.
¿Qué ocurrió cuando aterrizaron sobre el asteroide? inquirió la investigadora.
En principio empezamos la rutina prevista y el desarrollo de los experimentos programados. Fue el cosmonauta el que empezó a comportarse de forma extraña. Ahora veo que el que todo coincidiera con el inicio del experimento exogeológico no fue una casualidad. Las extracciones de mineral del asteroide, los fracasos en su transporte a la nave, las reuniones de los tres integrantes para supuestamente mejorar los problemas suscitados... todo era una tapadera.
No sé quién descubrió al ruso antes, ni sé el acuerdo al que llegaron, del que por supuesto, yo era totalmente ajeno, pero la verdad es que Demianov había encontrado oro en A 44821. Pero no un oro cualquiera, sino uno de una calidad jamás vista. Probablemente, de un valor incalculable.
Si hubiera sido listo, tan sólo con el equivalente a un puñado le habría bastado para el resto de su vida. Pero tuvo que acumularlo en su habitáculo. No sé muy bien cómo esperaba ocultarlo, ni siquiera creo que pensara en ello. Lo cierto es que sus compañeros le descubrieron y acordaron con él algún tipo de reparto.
Durante más de tres meses fueron capaces de cooperar a mis espaldas, pero alguien empezó a desconfiar, o quizás nunca llegaron a confiar en ellos mismos más que lo suficiente para aparentar normalidad. Finalmente, el desenlace que ya conocen, un accidente trágico en el cráter N43 del asteroide. O a lo peor no fue ningún accidente y el vehículo de transporte se precipitó a aquel agujero por venganza, impulsos suicidas o simple violencia. Demianov condujo a sus compañeros y a sí mismo a un trágico final. Pensó tal vez que podría saltar en el último instante, pero no se dio cuenta de que estaba unido al copiloto, no se percató de que este quizás desconfiado, le había anclado a su traje para fusionar sus destinos.
Esto es lo que les puedo contar, no sé más. Fue como la "Gold Rush" del XIX. No hemos cambiado mucho, aunque hayan pasado más de cuatro siglos.
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