Cuando pasan los años te vas dando cuenta de lo que se ha quedado por el camino.
Ahora las noticias no varían mucho de cuando eras pequeño. En aquellos tiempos tú jugabas mientras los mayores eran los que sufrían por tí. Tú tenías todo el tiempo del mundo para ser feliz mientras a ellos les iba faltando el tiempo y seguían sin conseguir ser felices al 100 por 100.
La vida es así de puñetera y te pone delante, tarde o temprano, la realidad pura y dura. Te transforma de niño a adulto sin apenas darte cuenta. Te hace sufrir por el sufrimiento de los demás. Te hace preguntar si el momento que vives va a ser siempre así o cambiará para mejor. Te hace añorar cuando jugabas al escondite y si te empeñabas no te encontraban. Te hace suplicar que cuando te acuestes esta noche no tengas pesadillas como las anteriores. Y también te hace comprender que si quieres vivir tienes que saber hacerlo...aunque sea al este del Edén.
lunes
domingo
The Newsroom
Esta nueva serie de Aaron Sorkin (el del Ala Oeste), aparentaba mucho más de lo que está dando. Con lo que me gustan las de periodismo, me las prometía muy felices viendo a Jeff Daniels en el papel de presentador, editor y crítico de un noticiario de máxima audiencia. Pero no. Cada episodio está diseñado de forma independiente, al estilo de Lou Grant. Se tratan temas que han sido noticias reales, como la primavera árabe y se intentan poner de manifiesto los múltiples conflictos éticos profesionales que los personajes deben resolver a la hora de investigar las noticias. El resultado es muy irregular. Suelen ser muy brillantes los momentos en los que Will McAvoy (Jeff Daniels) está delante de la cámara presentando su programa, pero no están a la altura ni los diálogos, ni los personajes secundarios, que resultan demasiado estereotipados. La relación entre Will y su productora (Emily Mortimer) está hilada de forma muy infantil, no convence.
En general, la serie es una colección de arquetipos: periodistas jóvenes,con talento pero inexpertos, son guíados por la vieja gloria y en el camino van aprendiendo. Francamente, creo que la serie intenta beber demasiado de la antes citada, Lou Grant y no consigue siquiera emular la atmósfera de su antecesora.
Una lástima, porque ya empezaba a echar de menos historias que no sean de época o de fantasía. Pero bueno, es lo que hay.
En general, la serie es una colección de arquetipos: periodistas jóvenes,con talento pero inexpertos, son guíados por la vieja gloria y en el camino van aprendiendo. Francamente, creo que la serie intenta beber demasiado de la antes citada, Lou Grant y no consigue siquiera emular la atmósfera de su antecesora.
Una lástima, porque ya empezaba a echar de menos historias que no sean de época o de fantasía. Pero bueno, es lo que hay.
sábado
That,s entertainment
lunes
Otra más, Sr. Wert
A este paso casi mejor le dedico el blog al ministro de educación, pero es que este caballero cada día tiene una nueva. Ahora resulta que los estudios indican que la inversión en educación influye en la calidad de la misma, pero sólo hasta cierto punto, dando a entender de esta forma, que en España ya se ha invertido todo lo que se tenía que invertir y que echar más dinero a la "olla educativa" no serviría de mucho. Bueno, pues ya lo ha dicho. Ha quedado claro que el nivel inversor del estado en la educación ha tocado techo y si no estamos a la altura de países como Suecia o Finlandia no es por el dinero que se invierte de menos en relación con estos países.
Cualquiera que haya viajado un poco por algunas de las naciones con las que nos compara el insigne ministro, habrá podido comprobar que la inversión en educación de los españoles dista bastante siquiera de acercarse no ya sólo en lo referente a las instalaciones, sino también a profesorado de apoyo, ratio, profesorado especialista, rigidez legislativa, estabilidad curricular, apoyo social, apoyo a las familias etc.
Porque no sólo hay que invertir en el sistema educativo, Sr. Wert, también es necesario que las familias sean ayudadas cuando tienen que tratar con hijos con dificultades. También hay que colaborar no cambiando las normas y los curricula cada vez que entra un partido nuevo. Hay que prestigiar la labor docente, no hacernos sospechosos de gandulear. Hay que promocionar la educación pública, no equipararla a los centros que separan a los niños por sexo (o de educación diferenciada, como eufemísticamente los llama).
Ya ve, las reglas del juego no pueden ser las mismas para todos, porque si quiere compararnos con Suecia o con Alemania, tendrá primero que admitir que catorce años de educación obligatoria hasta los dieciséis años como llevamos en España, no son comparables a los más de cuarenta que llevan en Suecia.
Ya sé, dentro de sus funciones está la de apretarnos las tuercas a los docentes, pero no la de intentar confundir a la población. Que después, las armas las carga el diablo, Sr Wert.
En la foto, un taller de orfebrería en un Instituto público sueco que pude visitar. También tenían un aula de cocina, polideportivos (varios), talleres de soldadura, laboratorios perfectamente equipados... y todo eso para educación secundaria obligatoria, solamente.
Cualquiera que haya viajado un poco por algunas de las naciones con las que nos compara el insigne ministro, habrá podido comprobar que la inversión en educación de los españoles dista bastante siquiera de acercarse no ya sólo en lo referente a las instalaciones, sino también a profesorado de apoyo, ratio, profesorado especialista, rigidez legislativa, estabilidad curricular, apoyo social, apoyo a las familias etc.
Porque no sólo hay que invertir en el sistema educativo, Sr. Wert, también es necesario que las familias sean ayudadas cuando tienen que tratar con hijos con dificultades. También hay que colaborar no cambiando las normas y los curricula cada vez que entra un partido nuevo. Hay que prestigiar la labor docente, no hacernos sospechosos de gandulear. Hay que promocionar la educación pública, no equipararla a los centros que separan a los niños por sexo (o de educación diferenciada, como eufemísticamente los llama).
Ya ve, las reglas del juego no pueden ser las mismas para todos, porque si quiere compararnos con Suecia o con Alemania, tendrá primero que admitir que catorce años de educación obligatoria hasta los dieciséis años como llevamos en España, no son comparables a los más de cuarenta que llevan en Suecia.
Ya sé, dentro de sus funciones está la de apretarnos las tuercas a los docentes, pero no la de intentar confundir a la población. Que después, las armas las carga el diablo, Sr Wert.
En la foto, un taller de orfebrería en un Instituto público sueco que pude visitar. También tenían un aula de cocina, polideportivos (varios), talleres de soldadura, laboratorios perfectamente equipados... y todo eso para educación secundaria obligatoria, solamente.
viernes
Reinas
A todas las mujeres luchadoras. Porque son dulces y fuertes. Reinas de la vida. Va por vosotras, hoy y todos los días.
jueves
Lo imposible
La película que a cada uno de nosotros nos toca vivir es una sorpresa. Unos viven una película de amor, otros se montan una película bélica, hay quienes sólo quieren tener una que tenga un final feliz...
Pero cuando a alguien le toca ser la protagonista de Lo imposible es una mezcla de terror, amor, maldita suerte (como ella define) y sufrimiento con un final feliz pero angustioso.
No puedo ir a verla. Ya me gustaría sentarme en el cine y no emocionarme. Ya me gustaría. Pero no puedo.
Mi hija ha ido a verla. Le gustó. Pero yo no puedo como madre ir al cine. Me contaba cómo hacían para poder encontrarse, cómo se cuidaban unos a otros y me decía que la vida te puede cambiar...en cuestión de segundos.
He encontrado esta joya. Donde Maria Belon y Naomi Watts, protagonistas, hablan. María, a simple vista, no se diferencia en nada a mí. Es morena, española, tiene hijos, está casada...y vive. Escucharla me resulta doloroso. Me intento poner en su papel y la única diferencia entre ella y yo es que creo que yo no hubiera sobrevivido. Pero las madres tenemos que lograr que los hijos salgan a flote, agarrarlos fuerte pero con mucho cariño. Me daría pánico ver cómo una gran ola se los lleva. Si yo abriera los ojos y no los viera tendría la horrible suerte de sobrevivir y desearía estar muerta.
No puedo evitar emocionarme viendo sólo éste vídeo...una y otra vez.
Pero cuando a alguien le toca ser la protagonista de Lo imposible es una mezcla de terror, amor, maldita suerte (como ella define) y sufrimiento con un final feliz pero angustioso.
No puedo ir a verla. Ya me gustaría sentarme en el cine y no emocionarme. Ya me gustaría. Pero no puedo.
Mi hija ha ido a verla. Le gustó. Pero yo no puedo como madre ir al cine. Me contaba cómo hacían para poder encontrarse, cómo se cuidaban unos a otros y me decía que la vida te puede cambiar...en cuestión de segundos.
He encontrado esta joya. Donde Maria Belon y Naomi Watts, protagonistas, hablan. María, a simple vista, no se diferencia en nada a mí. Es morena, española, tiene hijos, está casada...y vive. Escucharla me resulta doloroso. Me intento poner en su papel y la única diferencia entre ella y yo es que creo que yo no hubiera sobrevivido. Pero las madres tenemos que lograr que los hijos salgan a flote, agarrarlos fuerte pero con mucho cariño. Me daría pánico ver cómo una gran ola se los lleva. Si yo abriera los ojos y no los viera tendría la horrible suerte de sobrevivir y desearía estar muerta.
No puedo evitar emocionarme viendo sólo éste vídeo...una y otra vez.
sábado
Aparcados
(Esta entrada la quiero dedicar a todas las personas que se dedican al cuidado de personas dependientes y/o mayores, en instituciones o domicilios. Ahora que vuestro trabajo es tan poco valorado que sois los últimos en cobrar. Gracias por lo que hacéis).
Ayer, fui a visitar a un familiar a una "residencia de la tercera edad asistida, hogar para abuelos" o como quiera que se le llame ahora a los anteriormente conocidos como asilos. Está en la unidad de demenciados, ya ven como se las gasta el nombrecito. La verdad es que son muchos los sentimientos que el ir allí me ha provocado, muchos contradictorios. Desde miedo al ver lo que puede pasarnos hasta dolor, pena e incluso alivio al ver cómo la sociedad arregla un problema al que no sabría qué solución alternativa dar. Esto es lo que el mundo moderno no enseña. Tenemos un grave problema con nuestros mayores al que no estamos sabiendo responder y los tenemos en instituciones, aparcados esperando a que la naturaleza siga su curso. Nada más entrar en el edificio encuentras en un gran salón a un nutrido grupo de personas ancianas, todas sentadas, en silencio absoluto, con la televisión puesta. Nadie se mueve, algunos duermen, las miradas perdidas. Saludas y es como si se oyera llover, nadie contesta. Y esta es la estancia de los que están bien, de los que aún controlan sus pensamientos. Lo que se ve al entrar en la unidad de demenciados es más o menos o lo mismo, pero en la planta baja en una habitación cerrada bajo llave. Allí, sí hay frases, aunque tienen poco sentido y allí las personas sí hablan, pero a duras penas consigues entenderles. El olor en todo el edificio es a pañal. Curioso que el principio y el final de nuestras vidas se parezca en este asunto. Lo único que da un rayo de esperanza, que te hace conectar con la vida, lo que entendemos como vida, son los sentimientos del personal que les cuida. Les transmiten cariño, fuerza y les recuerdan que son igual de personas que los que
estamos fuera de allí.
Ayer, fui a visitar a un familiar a una "residencia de la tercera edad asistida, hogar para abuelos" o como quiera que se le llame ahora a los anteriormente conocidos como asilos. Está en la unidad de demenciados, ya ven como se las gasta el nombrecito. La verdad es que son muchos los sentimientos que el ir allí me ha provocado, muchos contradictorios. Desde miedo al ver lo que puede pasarnos hasta dolor, pena e incluso alivio al ver cómo la sociedad arregla un problema al que no sabría qué solución alternativa dar. Esto es lo que el mundo moderno no enseña. Tenemos un grave problema con nuestros mayores al que no estamos sabiendo responder y los tenemos en instituciones, aparcados esperando a que la naturaleza siga su curso. Nada más entrar en el edificio encuentras en un gran salón a un nutrido grupo de personas ancianas, todas sentadas, en silencio absoluto, con la televisión puesta. Nadie se mueve, algunos duermen, las miradas perdidas. Saludas y es como si se oyera llover, nadie contesta. Y esta es la estancia de los que están bien, de los que aún controlan sus pensamientos. Lo que se ve al entrar en la unidad de demenciados es más o menos o lo mismo, pero en la planta baja en una habitación cerrada bajo llave. Allí, sí hay frases, aunque tienen poco sentido y allí las personas sí hablan, pero a duras penas consigues entenderles. El olor en todo el edificio es a pañal. Curioso que el principio y el final de nuestras vidas se parezca en este asunto. Lo único que da un rayo de esperanza, que te hace conectar con la vida, lo que entendemos como vida, son los sentimientos del personal que les cuida. Les transmiten cariño, fuerza y les recuerdan que son igual de personas que los que
estamos fuera de allí.
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