martes

Me pregunto...



Me pregunto si alguien ha visto mi sentido de la creatividad, lo llevaba puesto y ahora no lo encuentro.



Daño

Tenía la certeza de que algo malo había hecho en su vida. Lo tenía claro por momentos. Esos en los que los dolores le recordaban que el ser humano es infinito en padecer. No había día que no sintiera ganas de ser invisible, quizás así no se llegara a sentir nunca nada.
Cada cierto tiempo descubría con horror que sus latientes huéspedes, los dolores, se habían quedado a vivir en su cuerpo. Empezaron por un lado del mismo, estaban terminando por el otro. Subían de intensidad hasta hacerle palpitar del susto. Luego bajaban dando un respiro al miedo.

Tenía la certeza de que algo malo había hecho en su vida. No podía ser que alguien dedicado a que no sufrieran los demás...tuviera este fin.

lunes

Hartura

Era un hombre harto.
Se hartó de comer. De beber. De fumar. Se hartó de reír. De llorar. De sentir. De amar.
Su hartura no tenía fin. Visitó a numerosos curanderos que no daban con lo que tenía. No sabían el porqué de tanta hartura.
Hasta que el último que visitó le dijo todo lo que necesitaba saber en un principio:
"Su hartura, señor, tiene un origen. Comenzó en el momento en que la gente quiso que usted fuera de la manera que ellos quisieron. Ahí se hartó y ya no pudo parar"
Harto de todo, desapareció por una esquina. Desde entonces nadie sabe nada de él.

sábado

Fin de la cita

Le habían ordenado desaparecer de escena.
No más contacto físico, ni siquiera pensar en esa persona. Nada de verla, de llamarla, de cuidarla, de velar por su seguridad.
Lo que había hecho durante tanto tiempo, quizás demasiado, había sido en balde. Su eterno trabajo no había conseguido que el final fuera otro bien distinto.
Cogió su atormentada alma y se la llevó a otro lugar bien distinto. Donde nadie supiera su miserable pasado.
Fin de la cita.

viernes

Silencio, se rueda

Era tan frágil que no supo cuándo se rompió. Se dio cuenta un día de que todo no era lo mismo. Le costaba respirar en un mundo lleno de tiburones disfrazados de buenas formas. En un momento dado se puso en marcha, empezó a caminar y sus pies le llevaron por un camino de baldosas plateadas hacia un lugar sin billete de vuelta.
Desde entonces se escucha un silencio que hace pitar los oidos más que un grito desesperado.