viernes

Personal e intransferible

Había una vez una mujer muy especial o eso creía.
Tenía muchas personalidades. Tantas que llegó un momento en que no se llegó a reconocer.
Creyó que era domadora de elefantes y tenía a un grupo de señoras delante.
Creyó que era una magnífica pastelera e hizo un dulce con una regadera.
Creyó que era bailarina y se había tomado una aspirina.
Sin saber que era alérgica, qué maléfica.
La mujer de varias personalidades se quedó ingresada, no sabía si era de verdad o una payasada.
Hoy le han dado el alta ¿alguien de ella no quedó jarta? Porque nadie va a buscarla.
Qué manera más cruel de no amarla...

jueves

Para tí


Para mí

Hacía tiempo que no me enamoraba, lo acabo de hacer. Vaya señorita más especial. Vaya canción más vibrante. Para bailarla muy pegados.



Hermanas

Desde pequeñas, incluso recién nacidas, hubo un vínculo especial entre ellas. Nacieron el mismo día pero con la diferencia de dos interminables horas.
Una rubia, otra morena.
Cuando se hicieron atractivas para los hombres su vínculo fue...demasiado fuerte. La cara dulce de Silvia atraía a todo varón que estuviera escaso de miradas tiernas, de palabras de amor.
 Los ojos sensuales de Sabina hacían el resto, provocaban los más descarados sueños entre los caballeros y ella era muy buena samaritana.
Dicen que la unión hace la fuerza.
Silvia atraía con sus sonrojadas mejillas a los hombres a casa. Ellos terminaban de disfrutar con Sabina, ella se encargaba de hacer lo que le pidieran.
Lo que ellos no sabían es que, cuando creían que todo había terminado, era Silvia la que volvía...con ojos inyectados de sangre y un gran cuchillo afilado. Su hermana se quedaba mirando el final de la historia.

Así terminaba una historia que volvía a empezar la noche siguiente.