lunes

La danza macabra

Ando algo cansada y lo que veo no me gusta. Entonces escucho la música.
Cierro los ojos y me imagino una corte de elegantes fantasmas bailando alrededor de mí. Y noto como danzan y danzan por el olor a negrura. Un escalofrío recorre mis venas y sé que ha llegado mi eterna hora. Y seré la próxima que baile en la eternidad...y te buscaré.


domingo

La cesta de la compra



Estaba más delgada y al mirarse al espejo se veía bien. Como casi todos los días se dirigió al supermercado cercano a su casa. Tenía siempre a mano su moneda para el carro. Entró y empezó a llenarlo de alimentos básicos para su familia. Tenía que llevar leche, aceite, pan, algo de carne...Se permitió coger unos dulces de chocolate para sus hijos. Ella no quería que abusaran de ellos para que sus dientes no se resintieran. Y cogió también un tinte para su cabello, hacía días que sus raíces eran más profundas. Recorrió todo el pasillo central para llenar el carro y volvió sobre sus pasos. Y empezó a hacer lo que hacía todos los días que iba. Devolvía en su sitio cada alimento y elemento que había cogido para llevar a casa. Devolvió la leche que ya no alimentaría el desayuno de sus hijos, hizo lo mismo con el aceite, el pan, la carne...todo. Lo devolvió todo y salió por la puerta del supermercado con el carro vacío. Lo puso en su sitio y recobró la moneda, la única de la que disponía. El único vestigio de economía que tenían. Y salió con más pena de la que entró. Desde que la crisis explotó perdió su trabajo y su marido también. Ya no tenían ayudas. Ni posibilidades de encontrar trabajo. Mientras caminaba por la calle se paraba por cada contenedor que había. Pero ya eran tantos los que estaban en su situación que ya no había de dónde rebañar. Al pasar por un restaurante vio desde el gran ventanal al político de turno que por la televisión le decía que ya todo estaba llegando a su fin. Lo mismo pensó ella cuando él dio buena cuenta del plato que se estaba comiendo.

miércoles

Doña Limpia

No le gustó su trabajo desde el minuto uno.
El primer día estuvo vomitando a intervalos cortos de tiempo. Lo que veía no estaba escrito en ningún sitio y era motivo de condena.
Tenía que lavar los pecados de los demás. La contrataron para limpiar las escenas de los crímenes y ella era la mejor.
No quedaba ni rastro de fluidos, carne, huesos ni sesos en el sitio. Ni siquiera el olor a muerte. Casi se podía hacer una fiesta, en ese lugar macabro, cuando ella pasaba con todos sus productos y sus poderosas manos. No había suelo, cortinas, paredes ni bañeras que pudieran con ella.
Aprendió mucho, a esconder el rastro del mal. Y eso le valió al cabo del tiempo.
En su casa, una noche de lluvia, se deshizo de su maltratador.
A la mañana siguiente no habían rastros de gritos, de sangre ni de entrañas derramadas por su machete.
Para eso era la más limpia de su casa.
Ahora, adoraba su trabajo, le había dado la libertad.


Aquellos ojos verdes

Su vida era aburrida.
Ya se había casado pero su matrimonio era demasiado programado. Tenía hijos que eran los que le hacían no tirar la toalla.
Del trabajo a casa. De casa al trabajo. Poco más.
Su profesión no era cualquiera. Era el encargado de devolver y mantener la vista de cuantos lo visitaban. Alguno que otro era un caso sin remedio y eso lo hacía más reservado y vulnerable.
Con lo que no contaba era con ella.
Un día cualquiera se encontró en su consulta con los ojos más misteriosos que había observado nunca. Ella se sentó y empezó a explicarle sus síntomas. Él no podía examinarla de manera normal. No podía concentrarse en lo que le decía. Eran sus ojos los que hablaban, y lo que le estaban diciendo le gustaba.
Hablaban de viajes a sitios remotos, de reuniones alegres, de personas diferentes, de música alta, de banquetes para dos en una playa por la noche...Hablaban de momentos que él nunca tuvo ni tendría.
Ella marchó para no volver. Fue una visita rutinaria, sin billete de vuelta.
Y él quedó allí, en su consulta, con su bata blanca esperando el regreso de aquellos ojos verdes...de mirada serena.

martes

El padrino

La vida no había sido dura para ella, pero le costó más que a los demás tener lo que ya tenía. Lo que perdió, a su padre a una edad muy difícil, lo recuperó en la figura de su padrino.
Fue el que la apadrinó en su bautismo y el que hizo lo mismo en su boda ante la falta de su padre. Geográficamente estaban lejos pero en emociones y vivencias estaban cerca.
La vida es así de cruel. Te toca vivir la muerte de la misma figura protectora por dos veces.
Y fue así como un día cualquiera su padrino murió. Dejando en ella una recopilación de sentimientos que ya tuvo hace más de 20 años.
Ay, la vida.
Qué puñetera es.
(Ya que estás ahí, dale un beso de mi parte. Ahora podréis jugar a las canicas juntos)




lunes

Mi experiencia en Halloween

He esperado pacientemente unos días para poder contar la historia más extraña de toda mi vida. Una historia que comenzó la noche de Halloween.
Ya tengo una edad, soy mujer y ya la paciencia tiene un límite. El número de hombres casaderos, limpios, algo listos y con ganas de formar un hogar son cada vez menores. Sales por la noche y te encuentras unos especímenes que ni siquiera sus santas madres tienen ganas de aguantar por más tiempo en sus casas.
En vista de que mi éxito con los humanos varones no estaba de ninguna manera relacionado con mi delicada situación, decidí hacer lo que nadie se ha atrevido a hacer: buscar un novio zombie.
Poneros en mi lugar, tenía desesperadamente que estar con un chico. No puedo decidir nada por mí misma, necesito que alguien decida por mí qué película ver en el cine, qué almorzar, qué tipo de ropa ponerme. Está mal visto eso de estar sola. Y la desesperación me hizo tener un novio no humano.
Me puse en la primera esquina que vi y esperé a que pasara uno. Me hice apetitosa de pronto comprandome un kilo filetes y poniendomelos encima cual Lady Gaga. El estaba hambriento y algo solo así que no pensó que tirarme un bocado en la sesera significaría estar conmigo hasta la eternidad.
Me convertí en zombie. Adelgacé a marchas forzadas, nunca me gustaron los sesos y menos crudos. El olor, no podía acostumbrarme a él. Ya ninguno de mis amigos anteriores querían estar conmigo, natural...me los comía.
Pasamos una temporada juntos. Creí que mi felicidad era por fin algo evidente. Noté que el muchacho sólo quería sesos y no sexo. Hasta que mi amor zombie me confesó, después de darle yo a probar el vino, que era gay y que le gustaba Pablo Alborán.
Ahí salí pitando no sin antes mirar atrás. Lo que vi no tiene nombre, se había puesto una bata de cola de lunares y se puso a cantar: tú lo que quieres es que me coma el tigre mis carnes morenas.






sábado

La bella durmiente

No quería nunca acostarse enfadada pero hay situaciones que no todo el mundo puede controlar.
Esa tarde algo había pasado entre ellos, una discusión. Pero era diferente a las demás. Hubo un daño profundo en ella. Las palabras que él le había dicho se quedaron atrapadas en su mente y esta no hacía más que repetirlas una y otra vez dentro de su cabecita.
Se durmió y tuvo un sueño inquieto. Una historia que se iba alimentando de la ira, la maldad, los malos pensamientos, la mala sombra.
Y no pudo despertar. Su amado no hacía más que zarandearla para que abriera esos ojos que lo enamoraron hace tanto tiempo. Quería oír es voz que en un principio era casi adolescente y que, con el paso de los años, se tornó madura y con encanto.
Lo que pasó es que la noche anterior se cortó su alma con esas palabras que ella creyó que eran de verdad. Se fue desangrando la misma y su cuerpo no pudo contener tanta amargura.
Pasó como cuando te cortas un dedo y no te pones una tirita. Que cuando llevas horas, si el corte es muy profundo, te desangras y ya...no vuelves a ser el mismo.
Larga vida al amor.