Comenzó a llorar.
Y ya no pudo parar.
Se acordaba de las cosas que no hizo bien, de las que pudo haber hecho mejor y de las que ya no tenían remedio.
Se acordaba de los momentos que prometió y robó a golpe de olvido. Se acordó de que le habían tratado bien. Demasiado bien. Recordó que era agradable esa sensación. Sin embargo no podía dejar de llorar.
Siguió llorando durante tanto tiempo que se quedó seca.
Entonces volvió a ser la misma paciente con Alzheimer que nadie visitaba. El olvido no tiene fecha de caducidad...o eso dicen.
(Foto Agata)
miércoles
domingo
Flechazo
Era una persona insignificante, simple, casi invisible a los ojos de los demás.
Pronto se dio cuenta de que los amores que tenían hacia ella eran totalmente interesados. Ni una pizca de pasión, ni un gramo de calor, ni una centésima de protección.
Así que decidió ser introvertida, canija, callada, observadora. No creía en el amor ni en casi nadie. Tampoco tenía fe en el futuro.
Y paseando por el bosque, devorando la soledad y merodeando la locura, descubrió ese lugar. Lo divisó por sus tejas rojas, su gris melancólico, su silencio ahogado, su calma.
Entró. No era propio de ella, pero le llamó la atención una canción que salía de las entrañas de un piano.
Y allí lo encontró.
A su amor, a su calor, a su pasión, al color que le devolvería la visibilidad.
Y empezó a escribir, a fotografiar, a imaginar, a sentir, a devorar la vida.
Nació Agata.
Pronto se dio cuenta de que los amores que tenían hacia ella eran totalmente interesados. Ni una pizca de pasión, ni un gramo de calor, ni una centésima de protección.
Así que decidió ser introvertida, canija, callada, observadora. No creía en el amor ni en casi nadie. Tampoco tenía fe en el futuro.
Y paseando por el bosque, devorando la soledad y merodeando la locura, descubrió ese lugar. Lo divisó por sus tejas rojas, su gris melancólico, su silencio ahogado, su calma.
Entró. No era propio de ella, pero le llamó la atención una canción que salía de las entrañas de un piano.
Y allí lo encontró.
A su amor, a su calor, a su pasión, al color que le devolvería la visibilidad.
Y empezó a escribir, a fotografiar, a imaginar, a sentir, a devorar la vida.
Nació Agata.
jueves
El miedo
La estuvo acechando durante años.
Desde pequeña cuando escuchaba gritos, cuando se quedaba a oscuras y no podía salir de la habitación.
La estuvo acechando.
Desde la adolescencia cuando seguían esos gritos, cuando tenía que volver a casa.
La estuvo acechando.
Desde que ya de mayor no habían gritos pero sí muchos silencios, cuando creía que era la culpable de todo.
Ahí está ahora el miedo. Esperando en lo alto de la noche. Acechando. Porque está sola. Porque cerrará los ojos para dormir y empezarán los ruidos a salir.
Pero ella no está sola. Ha aprendido a ser fuerte, desde pequeña.
Desde que, sin saberlo, el miedo curtió sus ganas de luchar.
La hizo mujer cuando ella menos quería. Ahora se estaba vengando de él.
Desde pequeña cuando escuchaba gritos, cuando se quedaba a oscuras y no podía salir de la habitación.
La estuvo acechando.
Desde la adolescencia cuando seguían esos gritos, cuando tenía que volver a casa.
La estuvo acechando.
Desde que ya de mayor no habían gritos pero sí muchos silencios, cuando creía que era la culpable de todo.
Ahí está ahora el miedo. Esperando en lo alto de la noche. Acechando. Porque está sola. Porque cerrará los ojos para dormir y empezarán los ruidos a salir.
Pero ella no está sola. Ha aprendido a ser fuerte, desde pequeña.
Desde que, sin saberlo, el miedo curtió sus ganas de luchar.
La hizo mujer cuando ella menos quería. Ahora se estaba vengando de él.
lunes
La danza macabra
Ando algo cansada y lo que veo no me gusta. Entonces escucho la música.
Cierro los ojos y me imagino una corte de elegantes fantasmas bailando alrededor de mí. Y noto como danzan y danzan por el olor a negrura. Un escalofrío recorre mis venas y sé que ha llegado mi eterna hora. Y seré la próxima que baile en la eternidad...y te buscaré.
Cierro los ojos y me imagino una corte de elegantes fantasmas bailando alrededor de mí. Y noto como danzan y danzan por el olor a negrura. Un escalofrío recorre mis venas y sé que ha llegado mi eterna hora. Y seré la próxima que baile en la eternidad...y te buscaré.
domingo
La cesta de la compra
Estaba más delgada y al mirarse al espejo se veía bien. Como casi todos los días se dirigió al supermercado cercano a su casa. Tenía siempre a mano su moneda para el carro. Entró y empezó a llenarlo de alimentos básicos para su familia. Tenía que llevar leche, aceite, pan, algo de carne...Se permitió coger unos dulces de chocolate para sus hijos. Ella no quería que abusaran de ellos para que sus dientes no se resintieran. Y cogió también un tinte para su cabello, hacía días que sus raíces eran más profundas. Recorrió todo el pasillo central para llenar el carro y volvió sobre sus pasos. Y empezó a hacer lo que hacía todos los días que iba. Devolvía en su sitio cada alimento y elemento que había cogido para llevar a casa. Devolvió la leche que ya no alimentaría el desayuno de sus hijos, hizo lo mismo con el aceite, el pan, la carne...todo. Lo devolvió todo y salió por la puerta del supermercado con el carro vacío. Lo puso en su sitio y recobró la moneda, la única de la que disponía. El único vestigio de economía que tenían. Y salió con más pena de la que entró. Desde que la crisis explotó perdió su trabajo y su marido también. Ya no tenían ayudas. Ni posibilidades de encontrar trabajo. Mientras caminaba por la calle se paraba por cada contenedor que había. Pero ya eran tantos los que estaban en su situación que ya no había de dónde rebañar. Al pasar por un restaurante vio desde el gran ventanal al político de turno que por la televisión le decía que ya todo estaba llegando a su fin. Lo mismo pensó ella cuando él dio buena cuenta del plato que se estaba comiendo.
miércoles
Doña Limpia
No le gustó su trabajo desde el minuto uno.
El primer día estuvo vomitando a intervalos cortos de tiempo. Lo que veía no estaba escrito en ningún sitio y era motivo de condena.
Tenía que lavar los pecados de los demás. La contrataron para limpiar las escenas de los crímenes y ella era la mejor.
No quedaba ni rastro de fluidos, carne, huesos ni sesos en el sitio. Ni siquiera el olor a muerte. Casi se podía hacer una fiesta, en ese lugar macabro, cuando ella pasaba con todos sus productos y sus poderosas manos. No había suelo, cortinas, paredes ni bañeras que pudieran con ella.
Aprendió mucho, a esconder el rastro del mal. Y eso le valió al cabo del tiempo.
En su casa, una noche de lluvia, se deshizo de su maltratador.
A la mañana siguiente no habían rastros de gritos, de sangre ni de entrañas derramadas por su machete.
Para eso era la más limpia de su casa.
Ahora, adoraba su trabajo, le había dado la libertad.
El primer día estuvo vomitando a intervalos cortos de tiempo. Lo que veía no estaba escrito en ningún sitio y era motivo de condena.
Tenía que lavar los pecados de los demás. La contrataron para limpiar las escenas de los crímenes y ella era la mejor.
No quedaba ni rastro de fluidos, carne, huesos ni sesos en el sitio. Ni siquiera el olor a muerte. Casi se podía hacer una fiesta, en ese lugar macabro, cuando ella pasaba con todos sus productos y sus poderosas manos. No había suelo, cortinas, paredes ni bañeras que pudieran con ella.
Aprendió mucho, a esconder el rastro del mal. Y eso le valió al cabo del tiempo.
En su casa, una noche de lluvia, se deshizo de su maltratador.
A la mañana siguiente no habían rastros de gritos, de sangre ni de entrañas derramadas por su machete.
Para eso era la más limpia de su casa.
Ahora, adoraba su trabajo, le había dado la libertad.
Aquellos ojos verdes
Su vida era aburrida.
Ya se había casado pero su matrimonio era demasiado programado. Tenía hijos que eran los que le hacían no tirar la toalla.
Del trabajo a casa. De casa al trabajo. Poco más.
Su profesión no era cualquiera. Era el encargado de devolver y mantener la vista de cuantos lo visitaban. Alguno que otro era un caso sin remedio y eso lo hacía más reservado y vulnerable.
Con lo que no contaba era con ella.
Un día cualquiera se encontró en su consulta con los ojos más misteriosos que había observado nunca. Ella se sentó y empezó a explicarle sus síntomas. Él no podía examinarla de manera normal. No podía concentrarse en lo que le decía. Eran sus ojos los que hablaban, y lo que le estaban diciendo le gustaba.
Hablaban de viajes a sitios remotos, de reuniones alegres, de personas diferentes, de música alta, de banquetes para dos en una playa por la noche...Hablaban de momentos que él nunca tuvo ni tendría.
Ella marchó para no volver. Fue una visita rutinaria, sin billete de vuelta.
Y él quedó allí, en su consulta, con su bata blanca esperando el regreso de aquellos ojos verdes...de mirada serena.
Ya se había casado pero su matrimonio era demasiado programado. Tenía hijos que eran los que le hacían no tirar la toalla.
Del trabajo a casa. De casa al trabajo. Poco más.
Su profesión no era cualquiera. Era el encargado de devolver y mantener la vista de cuantos lo visitaban. Alguno que otro era un caso sin remedio y eso lo hacía más reservado y vulnerable.
Con lo que no contaba era con ella.
Un día cualquiera se encontró en su consulta con los ojos más misteriosos que había observado nunca. Ella se sentó y empezó a explicarle sus síntomas. Él no podía examinarla de manera normal. No podía concentrarse en lo que le decía. Eran sus ojos los que hablaban, y lo que le estaban diciendo le gustaba.
Hablaban de viajes a sitios remotos, de reuniones alegres, de personas diferentes, de música alta, de banquetes para dos en una playa por la noche...Hablaban de momentos que él nunca tuvo ni tendría.
Ella marchó para no volver. Fue una visita rutinaria, sin billete de vuelta.
Y él quedó allí, en su consulta, con su bata blanca esperando el regreso de aquellos ojos verdes...de mirada serena.
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