sábado

Tiempo






Empezó a repartir tiempo del suyo. Algo muy escaso en ese momento. Quería ser buena persona y se dispuso a ayudar.
Le regaló sus tardes al voluntariado en la planta de oncología infantil.
Le regaló los veinte minutos de cola de la frutería a la señora del quinto.
Le regaló más de una hora de buscar aparcamiento al hermano de su dentista.
Le regaló las cuatro horas de espera en la sala de urgencias a la encantadora señorita que le sonrió.
Le regaló un tiempo valioso a los hijos de su amiga para que aprendieran la tabla del 9.
Le regaló minutos de oro a todo el que lo deseaba.
Todo a cambio de nada.
Cuando ya casi no le quedaba tiempo le dio un abrazo a su amiga, esa que necesitaba tiempo para despedirse de sus hijos antes de que su enfermedad se la llevara.

"Toma, mi último tiempo te lo regalo. Yo no tengo a nadie para despedirme y tus hijos recordarán siempre el tiempo de más contigo" le dijo con la cara más triste que había visto en su vida.

Llegó su momento, ese en que te quedas sin tiempo, y se apagó para ser metido en una urna común. Donde iban todos los que se desconectaban para siempre.
Ahora entiendo el dicho aquél de que LOS BUENOS SIEMPRE SE VAN ANTES.
Es porque se quedan sin tiempo.

(Foto Agata)

jueves

Ofertas






 "Mire usted, señorita, que solamente tiene para una vida", le suplicó el vendedor.
Ella se compró una vida a juego con sus zapatos.
Era una vida cómoda y elegante, como sus zapatos.
Era una vida de un color bonito, como sus zapatos.
Era una vida brillante, como sus zapatos.
Era una vida que no tenía nadie, como sus zapatos.

Pero como todo en la vida, el tiempo pasa.
Su vida empezó a dolerle, como sus zapatos.
Su vida empezó a decolorarse, como sus zapatos.
Su vida empezó a romperse, como sus zapatos.

Y como todo en la vida, llega el fin.
Ya no le servía la vida, como sus zapatos.
Tuvieron que enterrarla con ellos puestos, últimas voluntades de una ilusa dama.

(Foto Agata)

miércoles

Osado



Y él la hizo llorar.
Nadie se explicaba cómo lo había hecho, ni por qué, ni cuándo. Nadie creyó lo que estaban viendo. Ni ella misma.
Él la hizo llorar.
Como nadie lo había hecho antes. Tanto tiempo llorando se llevó que creyó que no era normal.
Él la hizo llorar.
Y al hacerlo se acordó de cuando era pequeña y lloraba así. Recordó que de adulta ya no había podido llorar como antes. Descubrió que algo había pasado.
Él la hizo llorar...de risa.
Y ella no pudo evitar enamorarse de él.
(Foto Agata)

sábado

Silencio, se escucha.







No se conformaba con escuchar lo que uno quería decirle, quería más. Quería saber lo que uno pensaba a sus espaldas. Lo quería todo y eso no estaba bien.
Se iba y a escondidas escuchaba detrás de la puerta lo que simplemente confiabas a otras personas. Tus pensamientos más íntimos, tus deseos, tus miedos.
Y llegó el momento en que el destino pone a cada uno en su sitio. Se convirtió en una estatua que formaba parte de la maravillosa puerta que cerraba mi casa, con su oreja pegada a la misma.
Un escarmiento para los ávidos de historias ajenas.

(Foto Agata)