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lunes

Odio las secciones de Psicología de los dominicales

Alguna que otra vez me han dicho, no creo en los psicólogos y yo respondo invariablemente, yo tampoco. Tiene gracia que esto lo diga un psicólogo y además parece contradictorio, pero no lo es. Yo no creo en los psicólogos en general, como tampoco creo en los médicos en general. Creo en una persona que es psicólogo y hace su trabajo de una determinada manera o en un médico en particular, que hace su trabajo de una forma muy concreta. Por eso odio a los periodistas o peor, psicólogos, que escriben en las revistas dando consejos por aquí y allá. Teniendo siempre la verdad en la pluma y creyendo conocer las soluciones a todos los males ajenos (raras veces a los propios).
Pero lo que más me cabrea es que no son más que obviedades, cosas que todos conocemos e intentamos llevar a la práctica, pero que en realidad, son casi imposibles de realizar. Así, cada vez que leo, sé feliz, no te preocupes por los problemas o haz una lista de las cosas que...(cada uno imagine) cierro la revista o paso rápidamente las páginas.

martes

Bardem


Desde que ví a Javier Bardem en Jamón Jamón quise ser una chica... jamón.
Pero con él me he ido desinflando mucho. Se ha sentido maravillosamente protagonista e indiscutiblemente se ha pavoneado como si fuera un espléndido actor.
Todo lo contrario que con Robert Downey Jr.
Con Robert fue al revés. Me pareció un engreído. Hubo una época de su vida en la que cayó en lo más profundo de las miserias humanas. Salió de las profundidades más fuerte que nunca. Con el paso del tiempo me cautiva su mirada y su saber estar. Me resulta hasta elegante.
Bardem ahora es lo que Downey Jr era hace años: una caricatura de sí mismo.

Desmond


Si os digo que voy a hablar de Henry Ian Cusick se os pondrá cara rara.
Si os digo que voy a hablar de Desmond (sí, ese chico moreno de pelo largo que salía en una serie donde los guionistas se han quedado descaradamente con nosotros) se os pondrá cara rara.
Pero es que es uno de los personajes que más me gustaban. No hacía falta que él hablara. Me gustaba la manera de mirar. Su amor contra viento y marea por esa Penélope. Su manera infatigable de buscarla y buscarla.
El caso es que su cara me sonaba (no, no es mi vecino de al lado)
Y el otro día lo ví claro...
Ya sé la cara que va a tener Henry cuando sea más mayor...
Pero no quiere que lo diga.