domingo

Regalos (tercera parte)


Esta idea me la dio Gema.
Ya os he hablado de hacer regalos a hombres(regalos primera parte) y a mujeres(regalos segunda parte). Ahora os hablaré de por qué siempre le toca al mismo o a la misma buscar los regalos.
Quién no se ha visto en la tesitura de decir que hay un cumpleaños, un bautizo o algo similar y que hay que buscar un regalo. Cuando el grupo es de varios habrá algunos que silben, miren al techo y no digan nada. A la espera de que alguno/a se ofrezca. Y siempre cae la misma persona.Si esa persona no se ofrece de por sí, no os preocupéis, que ya habrá un listo/ que lo "ofrezca al sacrificio".Que diga, pues Agata siempre sabe dónde ir a comprar, conoce todos los sitios originales y conoce bien el tema. No te joroba, listo/a, si siempre me toca a mí ir es de lógica que yo sólo sepa dónde están las tiendas mejores. Si tengo que ir yo, ya me "estudio el personaje"al que hay que regalar y busco algo original y que sirva no sólo para guardarlo. Si el regalo lo tienes que hacer entre tu pareja y tú...adivinad a quién le toca ir por el regalo. A Agata. Es que tú sabes siempre lo que tienes que regalar. Yo no tengo tiempo, no tengo paciencia, no tengo idea, tengo morro...El caso es que me lleva varios días ir por el regalo, doy una batida por todas las tiendas que puedo ir, comparo precios ...En fin, que le pongo empeño, tiempo de mi descanso y encima, le pongo dinero. Opino que si una siempre es la que se "curra"el tema de los regalos, lo normal sería que no pagara con dinero. Ya pagamos con nuestro tiempo, nuestros dolores de pies, de cabeza y con nuestra paciencia...
Lo último que tengo que decir, con pena, es que en alguna ocasión me ha tocado a mí buscar : MI PROPIO REGALO!
Foto del Flick,cuyo autor es: Prorodrigo

Mirar fotografías


Mirar fotografías es una de las cosas que me hacen tener toda clase de sentimientos. Los hay de alegría, de tristeza, de añoranza, de ... Mucho depende de los años que tenga la fotografía. Y, lo que más, quién sale en ellas. Puede ser que ahora esa persona ya no viva, o que esté embarazada en el momento de la foto y ya sus hijos están con hijos también. Se puede dar el caso de hacer la foto en una casa que ya no es de la familia, pues estás viviendo en otro lugar o en otra ciudad. También puedes ver una verdadera transformación en alguien, para bien o para mal. Casi siempre yo veo el cambio para bien. Pero hay cada caso, en el que descubres en lo que un chico mono de veintipocos años se convierte: en un cincuentón con barriga y medio calvo o calvo entero.En fin,que las fotografías son pequeños tesoros que hacen que puedas volver a recordar el mismo instante en que te hicieron esa foto.O si la foto se la hicieron a tus padres cuando eran novios, imaginarte cómo olían,dónde fueron después de la foto, si hacía frío ese día, si se dijeron palabras de amor...
Anoche vino a cenar un buen amigo a casa, se fue este verano de viaje durante un mes a Argentina. Después de la cena, vimos casi todas las fotos que se hicieron allí, muchísimas. Es como si todos los presentes hubiéramos estado en ese viaje. Casi podíamos escuchar el ruido de las cataratas que nos estaba enseñando. Precioso todo.
Las fotos que más me gustan son las que están hecha en blanco y negro. Las antiguas y las modernas. En blanco y negro son tan elegantes...Finalmente deciros que siempre salgo en la foto para que me maten, qué se le va a hacer.
Foto tomada del Flick, cuyo autora es :Valentina is headbanger.-

sábado

Habitación 341


Estaba contenta de haber aceptado la oferta del hospital para trabajar allí.Era un hospital antiguo pero me daban un buen sueldo comparado con lo que ganaba ahora. Soy enfermera. Mi trabajo comenzaría aquella misma noche. Por la mañana me hicieron la entrevista e inmediatamente me contrataron. Me dirigí a mi casa para descansar por la tarde y estar bien despierta para afrontar las diez horas de turno, de diez de la noche a ocho de la mañana.
Cuando llegué el supervisor de tarde me indicó el lugar del hospital donde iba a trabajar, en la tercera planta. La planta de traumatología.
Me presenté al resto de compañeros y compañeras. Me tocaba trabajar esa noche con dos auxiliares. El traumatólogo de guardia estaría bien en urgencias o en su dormitorio. Repartí medicación, controlé las tensiones arteriales... Las auxiliares, a las tres de la mañana, fueron a cafetería a por unos bocadillos y les pedí que me trajeran uno. Alguien se tenía que quedar en la planta por si algún timbre de alguna habitación sonaba.
Al par de minutos de haber bajado mis compañeras a la cafetería, sonó el timbre de la habitación 341. No había dado ninguna medicación a esa habitación. No me sonó raro porque no todos los pacientes tienen medicación a la misma hora. Así que me acerqué, llamé a la puerta y entré. Una señora, de una belleza extraña, con un movimiento de cabeza me instó a que pasara. No hablaba. Sus ojos me ponían nerviosa. Me señalaba una fotografía, era antigua y en ella había un caballero bien vestido. Tenía un bigote de aquellos que se llevaban en los años veinte. No sabía qué quería ella de mí. Giré la cabeza y vi que la habitación estaba completamente ordenada. Nada normal. Cuando la miré de nuevo ella me dijo NO ME LO QUITARAS, ANTE TE MATARÉ Y A TODAS LAS QUE LO INTENTEN. Acto seguido desapareció.
Quedé perpleja. Fui corriendo al puesto de enfermería y allí estaban mis compañeras. Me vieron totalmente pálida. Les conté lo que me había pasado. Las dos se miraron y me dijeron que aquella habitación estaba libre. Que nunca la ocupaban desde que una paciente se arrojó por la ventana. Estaba completamente loca de amor por un médico de allí que era muy guapo y llevaba bigote. Pero él estaba casado y ella enloqueció al no ser correspondida. Eso pasó en 1929 y ahora estábamos en el año 1969.
Por eso hablo ahora con usted, mi psiquiatra. Nadie cree lo que he visto. Pero desde entonces con mis 28 años tengo toda la cabeza llena de canas y la cara envejecida por el horror. Desde entonces sueño con ella y se me aparece diciéndome que me matará. Dicen que me parezco a la esposa del médico.
Foto tomada del Flick. Su autor es: Poi-FLN

viernes

Semmelweis versus Klein


Es increíble lo curiosa que es la vida. Resulta que Semmelweis un médico húngaro nacido hace sólo menos de 200 años trabajaba en un hospital maternal. En el mismo, había dos pabellones, el número uno y dos. En el segundo había un número bastante más alto de muertes de parturientas que en el primero. Semmelweis decide estudiar qué está pasando y después de mucho darle vueltas descubre que el segundo pabellón era atendido por estudiantes que previamente habían analizado cadáveres de parturientas infectados y sin lavarse las manos, atendían a las mujeres del pabellón dos. Esto que ahora nos parece algo lógico fue visto por el resto de sus colegas, liderados por Klein, otro médico, como algo herético. Semmelweis sugiere que se laven las manos antes de atender a las futuras madres, nadie le hace caso, es más le insultan y menosprecian dando argumentos tales como que las mujeres del pabellón dos eran más toscas y por eso morían más. Semmelweis, convencido de sus hallazgos, empieza a llamar asesinos a los médicos que no se quieren esterilizar antes de entrar a los partos. Es despedido. Vuelve a ser readmitido meses después, pero sus teorías no son seguidas. Vuelve a montarla pidiendo a las familias que no se dejen atender por médicos que no se quieran esterilizar.
Finalmente, acaba en un psiquiátrico del que es rescatado para trabajar en otro hospital. Pero, paradojas de la vida, se infecta al hacer una autopsia a un bebé y muere por culpa de lo que llevó toda su vida intentado prevenir. Poco después de su muerte, los médicos empiezan a descubrir que con la esterilización de las manos, las muertes se reducían casi a la nada. Semmelweis nunca intuyó lo mucho que su obra haría por la humanidad.
Por eso, cada vez que voy a la consulta de un médico me pregunto si el galeno sería seguidor de Semmelweis o de Klein. Por si las moscas, le miro como lleva las uñas...

Pasión por Argentina (I): El tango de Astor Piazzolla


¿Cómo puede gustarme Argentina sin conocerla personalmente? No lo sé, pero desde hace mucho es un país que me atrae, me conmueve, lo siento como si hubiese estado en él. Serán las películas, lo que cuentan los que han estado o vienen de allí. Será la mezcla de culturas, o será quizás el tango... El tango que puede ser muchas cosas, alegría, pena, melancolía, lujuria, ritmo, enfrentamiento y complicidad. Adoro el sonido del bandoneón, el acento porteño y por supuesto a Astor Piazzolla.
Un buen amigo al que una vez traicioné (espero que haya conseguido perdonarme), tras un gran viaje por la vasta Argentina me trajo además de buen vino este disco dedicado al genial compositor.
De entre todas las joyas quiero dedicaros (Cat,s espero que te guste) "Decarísimo" en una versión orquestal que pone los vellos de punta. Sólo de un irreverente inconformista como Piazzolla, mal comprendido entonces y venerado ahora, pueden salir melodías como "Adiós Nonino", "Invierno Porteño" o "Café 1930".
¡Quién pudiera bailar un tango con alma!
La foto de Buenos Aires nocturna es de Johannrela

Fútbol y baloncesto

Me gustan los dos, aunque debo confesar que el que más he practicado es el baloncesto. Como espectador, sin embargo hace bastante tiempo que me he decantado por el de los chicos altos y explicaré mis razones.
En primer lugar, el baloncesto es un deporte vibrante, con tensión constante y emoción casi siempre. El fútbol puede llegar a ser un tostón si no hay goles ( lo que ocurre demasiado a menudo). El público que asiste al baloncesto es inteligente, educado, divertido y con espíritu juvenil (raras veces se critican las decisiones arbitrales). En el fútbol, los insultos son constantes, la imaginación de las aficiones nula y el árbitro es el muñeco del pin pan pum.
En segundo lugar, las selecciones. La de baloncesto llega a hacer que te sientas orgulloso, los jugadores dan el todo por el todo, son un grupo de amigos que respetan al entrenador, los gestos son siempre dignos (recordemos el jugador que dejó su plaza para que jugara Garbajosa) y encima... ganan.
La de fútbol, cuesta muchísimo dinero, no gana nada, son engreídos y cuestionan siempre al entrenador. Si hay gestos, salvo raras excepciones, son de mal gusto.
Y lo último que me hizo decantarme por el baloncesto fue lo siguiente: mi hija de nueve años, se emociona tanto viendo los partidos que el día que España perdió la plata del europeo lloraba amargamente. Le propuse escribir un email a su jugador favorito (Calderón) dándole ánimos y diciéndole lo mucho que disfrutó viendo su juego. La sorpresa ha sido que ¡le ha contestado! y estoy casi seguro que es él por algunos detalles. Primero, escribe cuando está más tranquilo de compromisos y eso es comprobable. Segundo, firma con el nombre con el que se presenta a sí mismo y además, si le habéis visto hablar, usa expresiones que son suyas.
¿Cuántos jugadores de fútbol contestarían?
Vídeo de Josa Manuel Calderón en la NBA.

martes

Eternos dilemas


Inauguramos con este una serie de posts en los que Ágata y yo (Satie) expresaremos nuestros puntos de vista divergentes sobre algún asunto que nos interese.
Hemos elegido para empezar un debate sobre un tema que da para mucho. ¿Té o café? Trascendental ¿verdad?
Pues ya que estoy en el teclado voy a dar algunos argumentos a favor del té. En primer lugar no crea tanta adicción como el café. Su versatilidad es mayor y la varibilidad de tipos es tan abundante que apabulla.
En segundo lugar, las propiedades naturales le hacen una de las bebidas más antiguas y saludables, se han encontrado cientos de propiedades beneficiosas para nuestro cuerpo.
En tercer lugar, es más exclusivo, más chic. Todo el mundo dice, "vamos a tomarnos un cafelito" pero pocos "vamos a por un té".
En cuarto lugar, la ceremonia, sólo por esta celebración creada por los japoneses debería ensalzarse sus virtudes por encima de cualquier otra bebida. Y no sigo porque creo que el debate lo tengo más que ganado. Foto totisprz (flickr)
Bueno, Satie. Creo que ya has hablado demasiado y ahora me toca a mí.
Voy a hablar de uno de los placeres que nunca podré dejar: El café.
Tomar un café es disfrutar, saborear, conversar. Es verdad que muchos decimos "vamos a tomar un café" y pocos dicen lo del té. Pero a mí me gusta estar rodeada de buenos cafeteros. Hay muchísimas maneras de preparar el café: solo, con leche, cortado, piccolino, capuccino, americano, irlandés, carajillo, vienés, ruso, criollo, jamaicano, escocés, azteca, diablo ...El caso es tomarlo bueno, de la manera que te guste, con la compañía que quieras. La cafeína en dosis no muy altas debe ser buena, si no yo ya no estaría aquí...Y cuando tienes una cafetera apropiada que está en casa, tus amigos ya no te abandonan. ¿Quién quiere un café?