
Muchas veces he pensado en lo que sería cambiar de ciudad por causa de un trabajo. No me refiero a viajar varios kilómetros todos los días. Hablo de tener que cambiar de país. Con todo lo que ello envuelve. Cambia de comidas, de costumbres, de clima, de vecinos, de casa...Todo un señor cambio. Aprender otro idioma. Imagínate que tienes que desplazarte a Alemania. Yo tendría que rechazar dicho trabajo por desconocimiento del idioma. Aunque, ahora que lo pienso, muchos partieron hacia allí en los sesenta y no tenían ni idea de hablar en alemán.
¿Estaría yo dispuesta a ir a otro país a trabajar? ¿Trasladar a mi familia conmigo? ¿Cambiar la vida de todos ellos y de los que se quedan? No.
Si el trabajo fuera el estar disponible para viajar en cualquier momento me pasaría lo mismo. Creo que pocas personas estarían dispuestas o capacitadas para hacerlo. Móntate en un avión cada dos por tres. No.
Y es que es tan difícil cuando ya tienes montado tu hogar aquí. Tu familia, tus amigos, tu casa, tu gastronomía, tu todo...No podría irme. Y no sé qué ocurriría si mi pareja me viniera un día diciendo que le han ofrecido un trabajo en otro país.
Foto del Flickr. Autor: Silvia de Luque.