
No sé si sólo me ocurre a mí o hay alguien por ahí que sienta lo mismo. Tengo miedo a los cajeros automáticos. No a que me hagan algo a mí, claro. Que hay que estar loca para pensar eso. Mi miedo es a que se queden con mi tarjeta. O a que yo pida 20 euros y no me dé nada o me dé la mitad. Cuando saco dinero del cajero suelo tener mis manías. Una de ellas es ir al cajero en el horario en que el banco esté abierto. Así, si se traga la tarjeta, no tengo más que entrar y un señor o señora con cara de apio me la devuelve. O si ese artefacto cuadrado me quiere estafar, entro y lo mismo. El "caradeapio" me sacará del apuro.
Pero a ver cómo hago yo un domingo por la tarde cuando me suceda algo así. A quién porras le pido que me devuelva la tarjeta que dicho aparato ha devorado. A quién me llevo de testigo para que vea que he tecleado que me diera 20 euros y me ha dado sólo 10. Porque, la verdad, de las máquinas no me fío mucho. No tienen corazón y por eso les importa un cuerno que yo me desespere allí mismo. ¿Qué haría? Me pondría a mirar a la cámara que hay para vigilar, lo haría con cara de gilipollas y con señas le explicaría que mi tarjeta ha sido devorada. Que la muy "tunanta"me ha "birlado"dinero. ¿Y si dicha cámara está compinchada con el cajero y van a medias? Ay, Agata, qué imaginación que tienes. Creo que sí que estoy loca. Pero por si acaso, sacaré dinero del cajero cuando el banco esté abierto. Que la vida está muy mala y ya no se puede fiar una de nadie ni de nada...
Foto del flickr. Autor: roberto.saralegui