
El señor Steven Spielberg es el culpable de tres de mis fobias.
Una es la de tener pánico a nadar sin hacer pie en el mar, por si algún tiburón me tira un mordisquito y se lleva mi pierna. Eso, con suerte.
Otra es la de que mis hijos se hagan amigos de un ser extraterrestre con pinta de chufa arrugada...
Y, la que más miedo me da, es la aversión que le tengo a los camiones cisternas. Sí, esos camiones enormes donde cabe dentro otro camión y otro y otro...
Cuando era pequeña recuerdo los viajes de tres días en coche hasta Alemania. Y en esos viajes íbamos mi hermana y yo dando botes en el sillón de detrás. Antes ni cinturones ni sillitas adaptadas ni ná. Nos volvíamos a ver qué nos venía por detrás. Casi siempre eran camiones enormes. Los camioneros nos devolvían la cara de pavas que nosotras le poníamos. Nos sacaban la lengua. Nos guiñaban un ojo. Se ponían bizcos...Qué guay.
El caso es que cuando ví la película "El diablo sobre ruedas" sentí pánico. Es del 71. Y la trama es simple: un automovilista se atreve a adelantar a un camión cisterna. A partir de ahí...el horror está servido.
Otro día pondré "los horrores" que mi imaginación cree que sucede dentro de ellos. Los pelos de punta están garantizados...amigos.
Foto de la película.