lunes

¿Quién paga el fútbol?


Vaya por delante mi afición a la pelotita, sí me gusta ver fútbol por la tele y en el campo también, sin embargo no logro comprender porqué todo el pueblo tiene que pagar algo que sólo nos gusta a algunos (aunque seamos muchos).
Resulta que cualquier club de fútbol, sea de la categoría que sea se cree con derecho a reclamar, exigir e incluso demandar dinero público aludiendo a no sé qué interés social. No entiendo que tengamos que pagar los grandísimos sueldos que cobran estrellas del balompié sólo porque el político de turno se asegura unos buenos votos. Y no culpo a los equipos, estos hacen lo que se les ha dejado hacer, a lo que están acostumbrados y claro, con los agujeros tan grandes que tienen sus bolsillos ¿a quién acuden? a papá ayuntamiento, mamá diputación o la entidad que ustedes prefieran. No hay equipo que no deba impuestos, seguridad social o proveedores.
Por mi parte estoy dispuesto a aceptar que mi equipo se vaya a freir espárragos si no es porque sus aficionados y socios le sostengan. De verdad, no entiendo que el fútbol sea subvencionado y aún haya problemas para sustituir a profesores o médicos.
La foto es de vecinodelquinto! (Flickr)

4 comentarios:

Alfonso dijo...

Puf complicado tema. Tienes razón. Pero en Jerez sabes que para ganar unas elecciones tienes que contar con el voto de las hermandades y de los futboleros. Si no, no ganas. Y si no ganas, para que te sirven los ideales en la oposición si entonces van a gobernar los de siempre.
La pescadilla que se muerde la cola. Si tienes la fórmula te doy el NOBEL :) jjjjj

Satie dijo...

Desde luego, yo lo tengo claro. El Xerez debe muchos millones de euros, el ayuntamiento además ha dado esos y muchos más (recuerdo que hasta Pacheco llegó a ser presidente). Con toda esa pasta la de colegios que se podrían hacer.

QQ dijo...

Este tema me puede. Como que no ha quedado bastante claro a través de la historia, que el circo convierte a la sociedad en el mango para sostener la sartén... En fin...

Satie dijo...

QQ, ¡qué buena metáfora!